¡Oh, vosotros, que gozáis de sano entendimiento; descubrid la doctrina que se oculta bajo el velo de tan extraños versos! ~ Dante; Inferno

sábado, 15 de diciembre de 2012

El monstruo.

      Miré al monstruo a la cara; pude ver a través de él. En su alma no encontré enfermedad o locura alguna, ni tampoco un atisbo de bondad; solamente hallé frialdad y oscuridad, una oscuridad tan negra como nunca antes había visto en un ser humano.
      El monstruo tenía unos ojos, como todo ser humano, claros y profundos, sin embargo, no vi rastro de humanidad alguna en sus pupilas. Tras esos ojos penetrantes no existía la vida, tan sólo habitaba la muerte. Si los ojos son el espejo del alma, el alma del monstruo estaba decrépita, pudriéndose a cada instante... 
      Él me sonrió. Un escalofrío recorrió mi cuerpo; una gota de sudor frío se deslizó por mi frente. ¿Cómo demonios podía tener semejante entereza aquel ser? Una simple sonrisa me demostró aquello que más temía: el monstruo sabe lo que hace... y disfruta con ello. ¿Un monstruo? No... es la personificación del demonio: capaz de matar a sangre fría, de hallar divertimiento en arrebatar la vida a los demás.
      "Nadie está legitimado para quitar la vida a los demás". Éso es lo primero que te viene a la mente cuando hablas de asesinatos con amigos y demás. Pero, cuando te encuentras de frente a semejante ser infernal, no puedes evitar borrar ese pensamiento. El monstruo sonríe porque le da igual estar o no legitimado, le da igual el derecho a la vida de las personas...  me dije nada más verle.
      De repente, alzó los brazos, en señal de sumisión, mientras sonreía. Parecía como si me dijera dispara; mátame. Acto seguido, alcé la pistola para acabar con él, como si hubiera sido un reflejo, pues apunté inconscientemente. Cuando me quise dar cuenta, tenía el dedo sobre el gatillo y las manos me temblaban como una hoja en una fría noche otoñal. Sólo tengo que disparar y pondré fin a esta pesadilla, me dije; ya no habrá más víctimas... el monstruo morirá al fin.
      Pero, algo me detuvo. Otra vez el mismo pensamiento me asediaba la mente: no estoy legitimado para quitarle la vida, ni siquiera a un monstruo como él... ¡Había jugado conmigo todo el tiempo! ¡Por esa misma razón alzaba los brazos! Porque él sabía que no iba a disparar, ya que, de algún modo, sabía que, a diferencia de él, yo sí tengo miramientos.
      Parece ser que se me desencajó la cara al darme cuenta de su trampa, pues empezó a reír a carcajadas. Bajó los brazos, borró su sonrisa de la cara, y empezó a caminar hacia mí. Cuando estuvo a apenas dos metros de distancia, se detuvo, pues había vuelto a apuntarle con el arma. Me escrutó con su fría mirada, me analizaba. Pero, al cabo de un segundo, siguió su camino, sin miedo alguno al revólver que yo empuñaba. Se me acercó, puso su mano en mi hombro y me dijo: No puedes dispararme; tienes alma, y éso es lo que te impide acabar conmigo. Ódiame cuanto desees, pero tus emociones e ideales no van a cambiar lo que soy, ni cambiarán lo que eres. Para ello debes desprenderte de todo lo que anhelas, de todo cuanto amas y respetas. Te estaré esperando hasta ese día. Demuéstrame que todos llevamos un monstruo en nuestro interior...
       Y así fue como sobreviví al monstruo. Ahora, me dispongo a afrontar mi prueba final: averiguar si me he convertido en un monstruo o, por el contrario, si he podido hallar una respuesta diferente a la que me propuso. Si disparo, me convertiré en un asesino, en un monstruo...


"El vídeo y su contenido no son de mi propiedad, sino que el tema The Seeds Of Time pertenece a los creadores del anime Monster".

   

jueves, 13 de diciembre de 2012

Paseos al crepúsculo.

     ¿Recuerdas? ¿Recuerdas esos días, esos atardeceres, en que paseábamos por la playa, descalzos, cogidos de la mano, pisando la arena, a paso lento, para sentirla en nuestros pies?
     La brisa marina acompañaba nuestros pasos, creando una especie de magia, capaz de detener el tiempo cuando nosotros lo deseáramos...
      Tú mirabas en dirección al mar, lo escrutabas, lo penetrabas con tu mirada hasta hallar sus más bellos tesoros escondidos, te fundías en un profundo abrazo con las olas; yo veía cómo mirabas el mar, y comprendía qué te pasaba por la cabeza ante ese maravilloso sol crepuscular. Una sonrisa se dibujó en mi rostro cuando me preguntaste ¿qué? ¿qué ocurre?, mientras esbozabas en tu faz una linda sonrisa; nada, te contesté, riéndome. Te enfadaste conmigo en aquel momento, y por ese mismo motivo te amaba... 


"Este vídeo y su contenido no son de mi propiedad, sino que el tema Joukei aru Hareta hi ni Kare wo pertenece a los propietarios de la serie animada Gankutsuou: The Count Of Monte-Cristo".

martes, 11 de diciembre de 2012

Belleza en la locura

     ¿Has sentido alguna vez ese impulso de decir una burrada? Sí, ¿verdad? Es reconfortante; te quitas una especie de "peso" de encima, aunque haya gente que no entienda "el chiste". No obstante, la gente suele reaccionar de una manera distinta de la que te imaginas: "está loco"; "está como una regadera", etc.
     Personalmente, he de decir que me llama muchísimo la atención la "locura" de la gente. ¿Por qué? Porque atisbo cierta belleza en la locura, cierto ingenio. Sin embargo, al igual que Erasmo de Rotterdam, yo también haré una clasificación de "locuras".
     Manteniendo la distinción que hizo Erasmo de Rotterdam (locura positiva y negativa), yo hago la distinción de la locura voluntaria e involuntaria. La voluntaria, por un lado, como bien indica su nombre, implica que el sujeto dice o hace alguna insensatez voluntariamente, buscando las risas o las carcajadas de la gente, o, ¿por qué no?, demostrando a todos que es capaz de entender cosas que los demás son incapaces de atisbar siquiera. Por otro lado, la involuntaria, es aquella que responde a estímulos incontrolables por parte del sujeto (la locura en sí, como todos la conocemos, vamos). Debo decir que es la voluntaria, y no la segunda, la que me llama la atención, pues la involuntaria es una enfermedad y una desgracia, no algo digno de admirar, ya que la locura voluntaria implica que el sujeto o es un payaso o es un genio. El payaso, si os soy sincero, "ni fu ni fa",  "ni me va ni me viene", ¿me entendéis? El genio, el sujeto con la capacidad de ver cosas que los demás no pueden, es el que me fascina.
     Soy un hombre de letras, un humanista. Por lo tanto, es mi deber sorprenderme con las cualidades y virtudes de las personas. Pues bien, una de las virtudes que más me gustan de los seres humanos es, como habréis averiguado ya, la genialidad. Ante estos "ataques" de ingeniosa locura, no puedo sino preguntarme "¿qué demonios ha visto que yo no puedo ver?", al menos en ese momento, pues, en caso de ser una broma, se suelen entender "al vuelo" o al cabo de unos instantes. ¿Es mi afán de conocimiento el culpable de tamaña y absurda obsesión? Puede ser.
      Solamente sé que ese tipo de gente no está loca, sino todo lo contrario. Juegan con nosotros, nos manipulan a su antojo, nos hacen ver como seres inferiores sin que nosotros lo sepamos y de las maneras más inverosímiles (casi impensables para nosotros, pero sí muy plausibles para ellos). No me gustaría nada ver como uno de esos sujetos utiliza su ingenio para hacer el mal, pues es innegable que el bien y el mal sigue latente en todas las locuras. Pero, hasta ese entonces, seguiré atisbando cierta "belleza" en la locura. 

jueves, 6 de diciembre de 2012

Os doy las gracias.

     Acontecimientos recientes me han hecho darme cuenta de lo afortunado que soy, y de lo imbécil que puedo llegar a ser cuando quiero...
     Afortunado, por un lado, por la cantidad de gente que se preocupa por mí, por mi bien; por que sé que mucha gente me anima a seguir adelante, dándome su apoyo; afortunado de ser quien soy y de pensar como pienso; afortunado de vivir la vida que tengo; afortunado por tener tan buenos amigos y amigas, capaces de soportarme en mis momentos de tozudez y de melancolía. Podría citar muchísimas cosas más por las que soy afortunado, pero no terminaría nunca.
     Imbécil, por otra parte, por ser capaz de desprestigiarme a mí mismo, de rebajar mi nivel y mi capacidad a límites insospechados; imbécil por querer renunciar a mi futuro, por querer renunciar a lo que verdaderamente me gusta: escribir; imbécil por olvidarme de mis sueños infantiles, por ser, a día de hoy, "imposibles", y por querer olvidar mis sueños presentes; imbécil por pensar cosas que no debo, por reflexionar, en ocasiones, demasiado, en vez de disfrutar el momento, en vez de saborear la vida a cada instante...
     Seguiré escribiendo. No me importa que no lo lea mucha gente, ni tampoco que no les guste. Seguiré escribiendo por aquellos que leen y por quienes les gusta mi blog, porque tienen el detalle de leer lo que escribo. Por tanto, mi deber como escritor es corresponder a mis lectores, no defraudarles, y para ello debo seguir con mi trabajo.
     A todos aquellos a los que he preocupado, os pido perdón desde el fondo de mi corazón; a los que me han dado ánimos y me han apoyado en mis momentos más difíciles: gracias; soy muy afortunado de teneros en mi vida. Gracias, de nuevo.


"El vídeo no es mío, y el tema Benedictus tampoco es de mi propiedad, sino que pertenece a Thomas Bergersen". 


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Ayúdame, Adonay...

    Y hablé con Adonay; me dijo que buscara mi propio sendero, mi propia forma de ver las cosas. Él, en su infinita sabiduría, me hizo darme cuenta de que la clave de todo mal en este mundo reside en la mala interpretación, por parte de unos energúmenos, "seguidores" de aquel que predicaba paz y amor, de dos simples palabras: libre albedrío.
     El libre albedrío implica dejar fluir las cosas, al igual que un río, sin interponerse en su camino. "Os dejo el libre albedrío", nos dijo. En ese momento, lo que verdaderamente nos quiso decir fue: "podéis seguirme si queréis, pero nada os impide lo contrario; sois libres, la decisión es vuestra". Nada nos impide no creer en Él; si lo hacemos, es nuestro deber respetar a aquel que no quiere creer. Del mismo modo, el que no crea tiene el deber moral de respetar al creyente. Pero el libre albedrío va mucho más allá, su interpretación puede llegar a abarcar regiones enteras de la vida humana.
     "Busca tu camino, Andrés", me dijiste, Adonay. Eso intento, mi Señor. Pero para ello deberé dejar de creer en lo que hasta ahora me dijeron, para poder hallar mis propias respuestas, mis propias verdades, mi sendero, mi "yo". Hace ya un tiempo que vengo poniendo en duda lo que se dice a cerca de Ti, pero créeme si te digo que lo hago sabiendo que se han malentendido muchas de tus palabras y también porque es necesario cuestionarme, como te decía antes, lo que sé, no sólo de Ti, sino de todo. Simplemente estoy haciendo uso de "mi libre albedrío", de mi libertad de interpretación. No estoy dispuesto a que me digan cómo debo pensar, soy libre de pensar como quiera. Sin embargo, "lo cortés no quita lo valiente", por lo que estoy abierto a una conversación pacífica y amena sobre cualquier tema, incluyendo la posibilidad de cambiar de idea gracias a dicha conversación.
     ¡Ay, Adonay! Es cierto que buscar mi "yo", buscar "mi" verdad, es un sendero que debo recorrer solo, pero tengo miedo: miedo del futuro, miedo de lo que pueda pasar... por ello te pido ayuda, Dios mío. Tengo tantas dudas, Elohim... demasiadas. ¿Qué debo hacer? ¿Qué son estos sentimientos que afloran en mi interior por primera vez y que me hacen sufrir tanto? Dios mío, por favor, necesito una señal...


"Ni el vídeo ni su contenido son de mi propiedad, sino que el tema Adonai pertenece a City Of The Fallen".

viernes, 30 de noviembre de 2012

Tengo un problema...

     No sabría decir cómo me siento en estos instantes. Una mezcla de sentimientos se agolpa a las puertas de mi alma. ¿Inutilidad? ¿Decepción? ¿Tristeza? ¿Coraje? ¿Incertidumbre? No lo sé...
     Durante esta época, desde hace ya unos años, me vienen a la mente una serie de pensamientos que no hacen más que atormentarme, torturarme... y, sinceramente, empiezo a cansarme de que me ocurra lo mismo año tras año. Estoy hastiado de mi malcontento...
     Conozco muy bien los motivos de mi "problemita emocional", y no los voy a citar aquí. El problema viene cuando yo, en un alarde de gallardía, me planto delante de esa barrera que se alza ante mí, impidiéndome el paso. Como es natural en mí, el primer arrebato da sus frutos, arremeto contra mis problemas y los venzo con facilidad, pero, luego, al pasar las horas, esa gallardía antes mostrada se desvanece,dando paso a un joven frágil y débil de convicción, sumido en la oscuridad, cuyos pensamientos se vuelven más y más turbios por momentos, pensamientos que ningún joven debería tener.
      Lo único que puedo hacer para aliviar mi "dolor" es meditar, recapacitar, buscar una vía de escape, encontrar esa luz que no todos encuentran. Temo entrar en un bucle oscuro sin salida... tengo miedo, miedo a afrontar la posibilidad que la verdad no me guste, miedo a que la solución que tanto ansío me lleve a un lugar inesperado, y que ese lugar me resulte desagradable o insufrible. En este viaje de un solo pasajero, el sendero se bifurca, y debo elegir. "Un bosque divergía en dos caminos, y yo elegí el menos transitado de los dos", dijo Robert Frost. Sin embargo, una cuestión me llega a la mente: ¿y si ya he elegido un camino sin saberlo? ¿Y si estoy en el más transitado, cuando debería haber escogido el otro...?
      Ahora, tan sólo me queda hacer lo que he mencionado antes: meditar para hallar la respuesta a todos mis porqués...
 
"El contenido de este vídeo no es de mi propiedad, sino que el tema Forgiven pertenece a City of the Fallen."

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Música, te doy las gracias.

    Cerré los ojos, pues una sensación de paz y tranquilidad me invadió cuando escuché la música. Su efecto fue instantáneo: me llevó, otra vez, a los lugares más recónditos de mi mente. Todo tipo de imágenes acudían a mi cabeza, todas ellas gratas y dichosas, pues es innegable que el tipo de música que uno escucha afecta a lo que la mente evoca.
    No me canso de admirar el misterioso poder que tiene la música en la mente humana, es mágico y sobrecogedor. ¿Cómo puede uno no quedarse embelesado con semejante regalo de los dioses? Uno de los mayores dones otorgados al hombre, sin duda: el don de crear música. Como dijo Nietzsche en su día: "sin música, la vida sería un error"; gran verdad.
    No puedo llegar a imaginar una vida sin la música, el idioma de los dioses. La música está conectada a la vida en sí misma. Ahora mismo, me encuentro sentado frente al ordenador, en casa, y sin moverme de la silla estoy reviviendo momentos de mi vida, reviviendo emociones pasadas, tan sólo con escuchar una composición musical. En efecto, la música se encuentra ligada a la vida, pues, ¿en qué se basa ésta sino? Toda canción o composición que se precie y que quiera considerarse bella está basada, de un modo u otro, en emociones concretas o en experiencias humanas.
    En este momento, estoy escuchando a Hans Zimmer, uno de mis compositores preferidos. Absolutamente sublime. Sus BSO´s están repletas de emociones, sentimientos, están rebosantes de vida, una vida y alma propias...
    No puedo negar la influencia de la música en mi vida, en mi forma de ser, en mi personalidad...Por ello, doy gracias a Dios, pues es un regalo que he sabido apreciar a lo largo de mi vida, y que seguiré apreciando hasta el día de mi juicio final. Si de algo estoy seguro, es de la importancia de la música, sobre todo para mí, pues me ha ayudado en los momentos difíciles, en los felices, y, sobre todo, me ha ayudado a comprender y a vivir la vida mucho mejor.


"El contenido del vídeo no es de mi propiedad, sino que el tema And then I kissed him pertenece a Hans Zimmer."
  

sábado, 24 de noviembre de 2012

He fallado...

     He fallado. Me he fallado a mí mismo. No he podido olvidarte... Juré que te olvidaría, pues el dolor de verte con otro era demasiado grande para mi corazón. Pero he fracasado estrepitosamente...
     Me di cuenta el otro día, cuando te vi sonreír, una vez más. Tu rostro me cegó con su luz, una luz que quedó grabada a fuego en mi mente; fue como un "shock": todo mi cuerpo se estremeció por el vuelco que dio mi corazón. No pude sostenerte la mirada; tu luz me cegaba, como una sombra que ve el sol por primera vez.
     Lo he intentado, de verdad.  Intenté alejarme de ti, pero no pude; tu imagen seguía latente en mi alma. Incluso cuando estaba con otras personas tu recuerdo acechaba mi mente. Tu aroma, tu rostro, tu voz, tu risa, tus ojos, tu cuerpo... todos mis recuerdos sobre ti venían súbitamente a mi cabeza. Me pregunté, en ese momento, qué era lo que me había hechizado de tal manera... hallé la respuesta: fue tu sonrisa. Conjuraste un encantamiento sobre mi alma sin articular palabra, sólo con sonreírme hiciste que cayera bajo tu embrujo.
     Ahora me pregunto, ¿qué debo hacer? ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Cómo debo reaccionar? Estoy en una encrucijada mucho más grande que la anterior. Decidí olvidarme de ti para no hacerme daño, intentar olvidar ese amor que surgió de la nada. Pero, ahora, al darme cuenta de lo imposible que me resulta  olvidarte, no tengo una segunda opción. Tan sólo me queda sufrir, sufrir como nunca antes había sufrido; deberé cargar con los remordimientos cada vez que te vea...
     Sin embargo, algo me dice que tengo otra opción, pero esperaba no recurrir a ella... esa vía de escape, tan horrorosa que ni siquiera he podido planteármela, es la huida, huir de ti, no volver a verte nunca más... no, no estoy dispuesto a ello; lo dije una vez y lo volveré a repetir: te aprecio demasiado como para dejar de verte, como para dejar de hablarte...
     Así que elegiré el sendero menos transitado, y el más doloroso, para mí: convivir con el sufrimiento. Pero mi alma me dice que esté tranquilo, que no pierda la esperanza, algo que a día de hoy parece un esfuerzo titánico... 
     Decidido está... pero, ¿quién sabe? La vida me depara muchos secretos, muchas sorpresas; tal vez, algún día, encuentre a otra mujer que me haga sentir lo mismo que siento por ti, haciendo, a su vez, que te olvide. Pues, como se suele decir, un clavo saca otro clavo, ¿no?


"El contenido del vídeo no es de mi propiedad, sino que el tema The Road Less Travelled pertenece a City Of The Fallen".
   

martes, 20 de noviembre de 2012

Lo que quiero...

    "¿Qué quiero en realidad?", me preguntaba el otro día. Todavía no lo sé a ciencia cierta, sólo puedo llegar a atisbar qué me gusta, qué es lo que me hace sentir vivo.
    Quiero leer a todas horas; leer poesía: a lord Byron, a Charles Baudelaire, a Walt Whitman, a Robert Frost, etc.; leer novelas: bélicas, negras, de fantasía...; leer teatro: Shakespeare, Calderón de la Barca, y demás. Quiero verme sentado, en un futuro, en un sillón frente a una chimenea junto con mi perro, un labrador, al que llamaré "Hamlet", mientras leo una buena novela.
     Quiero pasear por bosques, a través de senderos de tierra; acariciar al viento cada vez que extienda mis brazos mientras me hallo en un acantilado, a un paso del abismo; respirar aire puro en las montañas; admirarme una vez más con la belleza del inmenso mar azul; sentarme en la hierba, en medio de la naturaleza, para poder meditar y sentir cómo fluye la vida a través de la madre tierra.
    Quiero reírme, la chispa de la vida y de la felicidad, con mis amigos, con mis seres queridos, a todas horas; quiero estar con mi familia, sentir esa calidez que sólo ellos te pueden dar; quiero tener una sonrisa las 24 horas del día, incluso cuando esté durmiendo, pues eso significará que tengo un sueño plácido.
     Quiero coger de la mano a esa persona especial y pasear hasta el fin de los días con ella, sin mediar palabra, solamente nuestras esencias serán las que articulen las palabras sin sonido; mirarla a los ojos, y descubrir, entonces, la verdad del mundo, la verdad del universo... descubrir mi existencia en sus pupilas; observar cómo sonríe cada vez que gasto alguna broma o cuento algún chiste; quiero sentirme el hombre más feliz del mundo cuando esté con ella.
      Quiero desprenderme de este cuerpo terrenal, que mi alma vuele libremente hacia los lugares más ignotos, a los planetas y galaxias más lejanos; que ésta surque los mares y cielos, sobrevolar los parajes olvidados por el hombre, alejarme de este mundo, llegar a ver lo que nadie ha visto...
      Quiero saber lo que nadie sabe, averiguar lo que apenas intuyo; quiero tener el conocimiento supremo, llegar al mundo de Platón y descubrir una luz que muy pocos pueden llegar a ver en este mundo de sombras.
       Quiero... vivir.


"Este vídeo y su contenido no son de mi propiedad, sino que la pieza musical Reaching pertenece al grupo musical Audiomachine".

jueves, 15 de noviembre de 2012

Mi tierra...

    Me despertó el sonido del motor. Ahí estaba yo, en el autobús, rumbo a mi tierra natal, con la cara pegada al cristal. Me había invadido el sueño durante casi todo el trayecto, y ahora, en el tramo final de éste, me despierto.
    Ha sido un largo y tedioso viaje, pero entonces miro la montaña que se alza orgullosa allá, a lo lejos, y todas las penas se desvanecen. No es una gran montaña, ni mucho menos, pero es "esa" montaña, no hay otra igual en el mundo. Además, es la montaña que me permite saber que allí está mi pueblo, el lugar donde nací, donde está mi familia. Una sonrisa se dibuja en mi rostro sin quererlo; es inevitable, cada vez que veo a ese entrañable pedrusco una sensación de paz y tranquilidad se adueña de mí.
    Es extraño; ¿cómo una roca puede evocar semejantes sentimientos? Una existencia que ni siquiera es consciente de que existe, eso es una roca. Pero, a medida que me acerco a mi destino, me doy cuenta: no es la montaña la que me evoca esa sensación de paz, tan ansiada y buscada y que pocas veces podemos hallar, sino que somos nosotros los que le infundimos sentimientos: vertemos nuestro cariño y afecto a un objeto inanimado, convirtiéndose éste en algo verdaderamente especial para el resto de nuestras vidas.
    El trayecto continúa, y cada vez estoy más cerca de pisar tierra otra vez. Ahora la montaña se muestra ante mí con todo su esplendor. La felicidad, ese sentimiento tan complejo, me desborda. Todas las penurias que me han ocurrido a lo largo de la semana desaparecen, mágicamente. Pero si con esto no tenía suficiente, atisbo en la lontananza el mar azul... ¡ah! ¡el mar...! Pocas cosas en este mundo son tan bellas y misteriosas como el mar. Tan peligroso y tan bello al mismo tiempo.
    La tierra y el mar se funden en un abrazo, como dos amantes que se encuentran tras largo tiempo separados. La montaña alarga un brazo hacia el agua, como queriendo decir "no te alejes, quédate conmigo". 
    Cierro los ojos una vez más, pero esta vez sin ánimo de dormir, sino con la intención de encontrar esos sentimientos que guardo en mi alma y que afloran nada más ver el mar y la montaña. Sentimientos de felicidad, amor, paz y seguridad. Sí, seguridad... porque cuando atravieso, por fin, el límite exterior de mi tierra me siento como si un gigante de piedra nos custodiara a todos y a cada uno de los que viven a su sombra, vigilando eternamente por nosotros.
     El bus llega a su destino. Recojo mis pertenencias, me dispongo a apearme de ese vehículo infernal y me despido con alegría del sonido inmundo del motor del susodicho trasto, con la esperanza de no volver a subir a semejante cosa.
     Nada más pisar tierra, inspiro una bocanada de aire: ¡ah! ¡esto sí que es aire puro, y no lo de la ciudad! Observo a grosso modo el paisaje que me rodea: los árboles se extienden a lo largo de la montaña, la cual me da la bienvenida ofreciéndome un magnífico atardecer, pues el sol se oculta tras ella, cual niño tras las faldas de su madre; el mar se extiende con toda su magnificencia a lo largo de la costa. De repente, una brisa de aire fresco invade el lugar; cierro los ojos y extiendo los brazos para disfrutarla... estoy en casa.


"El contenido del vídeo no es de mi propiedad. El tema Opalescence pertenece a Thad Fiscella".