¡Oh, vosotros, que gozáis de sano entendimiento; descubrid la doctrina que se oculta bajo el velo de tan extraños versos! ~ Dante; Inferno

lunes, 17 de diciembre de 2012

Morir de amor

     Me has matado... tu amor me ha matado.
     En estos momentos estoy exhalando mi último suspiro; el último sorbo de aire que mi alma, quebrada en mil retazos, respirará en esta vida. Miro al cielo con ojos apagados, desencajados por el dolor; mi voz ahoga un grito en lo profundo de mi ser; mis brazos se aferran a la nada, al aire que me envuelve, buscando tu figura, buscando tu sombra...
     La muerte empieza a surtir efecto: empiezo a olvidar cómo eras... comienzo a ver tu rostro, antaño nítido y brillante, borroso; tu silueta se desvanece con el viento, como una hoja caída del árbol; tus cabellos... tus preciados cabellos son lo último que diviso de ti. Mis manos se extienden para acariciar tu pelo... pero es demasiado tarde, ni un mísero pelo se percibe en el aire.
     Al fin... he muerto. He cruzado la laguna Estigia, ya no recuerdo cómo eras: ni tu rostro, ni tu cuerpo... nada. Caronte me recibe con su balsa. Como pago, le entrego mi corazón; ya no me sirve de nada, pues ha sido aniquilado, calcinado, apuñalado con mil cuchillos en un instante...
     Ya sólo queda ceder al bárbaro abismo. Un paso más y todo habrá acabado, podré descansar en paz... Sin embargo, algo dentro de mí me dice que aguarde, pues aún puede aparecer una luz que ilumine este valle de sombras, otra luz que amanse a las bestias que anidan en mi alma. Esperaré, pues me he vuelto adicto a la calidez de esa luz, por la cual soy capaz de esperar mil eternidades, hasta poder volver a sentir lo mismo, la misma felicidad.

"Ni el vídeo ni su contenido son de mi propiedad, sino que el tema Introitus pertenece al Requiem de W. A. Mozart".

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