El Sol descendía sobre el horizonte; el
mar era un charco de agua, tranquilo, impávido; las nubes, junto con el cielo,
tenían un color anaranjado; las olas chocan suavemente contra la arena, en un
abrazo sin fin, ambas condenadas a quererse.
Y yo, en la playa, alcé la mirada… y lo
vi claro: ella es la elegida. No podía explicarlo, pero lo sabía… ¿quién me dio
la respuesta? No lo sé; tal vez fuera ese ambiente mágico que se crea en un
magnífico atardecer, tal vez fuera Dios, quien actuó sobre mí a través de
la brisa marina… no tengo la más remota
idea. Sin embargo, así fue, mágico, tal y como veo las cosas cuando estoy con
ella.
"El vídeo musical no es de mi propiedad. El tema Destiny of love pertenece a Yiruma."
Entonces, y sólo entonces, la
miré...Su cabello, brillante como los rayos del Sol, captaron mi mirada. El
tiempo se detuvo. En ese preciso instante no existía nadie más en el mundo
excepto nosotros dos.
Sus ojos... ¡Qué ojos! Verdes,
como una esmeralda a la cual la luz del día vuelve incluso más hermosa.
"¡BUM BUM! ¡BUM BUM!"
Podía escuchar claramente como mi corazón me indicaba que ella era la mujer de
mis sueños, mi musa, mi Venus...
Ella no me miraba, sino que
seguía con su fino andar, seguro y hacia delante. Mi mirada la sigue. Se me
escapa...Mi mundo se hace añicos con cada paso que da. ¡Debo alcanzarla!
Pero, entonces, al dar el primer
paso hacia ella: desastre. El tiempo sigue su curso, y, con él, el mundo y su
rutina. Ahora ella avanza más rápido que antes.
¡Maldición! La marea de gente me
impide avanzar. ¡Dios mío, por favor, no dejes que se vaya!
La pierdo de vista. Ya sólo
percibo su hermoso cabello...La pierdo...la estoy perdiendo...la he
perdido...la perdí.
No sé cómo, pero acabo arrodillado
en el suelo. El mundo recupera el tiempo perdido avanzando a una velocidad
pasmosa, de la cual yo no soy partícipe. A mi alrededor todo es vertiginoso.
Aprieto las manos. ¿Llueve? No, ni
una mísera gota, sin embargo, noto unas lágrimas, las mías, que sollozan dentro
de mi ser, pero, ¿por qué? Algo en mi interior me da la respuesta: mi corazón,
mi alma y todo mi ser saben que no volveré a verla, por eso lloro; así lo ha querido el destino.
Me levanto. Lo mejor que puedo
hacer ahora es irme. Empiezo a caminar, a paso lento. Soy un ente sin alma que
vaga por la tierra al perder aquello que más estima; soy una sombra que se ha
despegado de su cuerpo y vaga, errante, sin rumbo; soy algo aferrado a esta
vida, aferrado a alguien, sin poder encontrar descanso: soy… un fantasma.
...Y ella entró por la puerta; el corazón,
instantáneamente, removió todo mi ser: vello erizado, pupilas dilatadas, pierna
inquieta, pulso acelerado...
Me había prometido a mí mismo no volver a reaccionar así, pero, ¿quién soy yo
para enfrentarme al dictamen del alma, a la resolución del corazón?
Su andar, su sonrisa, su cabello... los astros se han desprendido de su
belleza, ésa que tanto me fascina, y se la han otorgado, Dios mediante, a ese
busto esculpido de perfecto mármol, llamado... mujer.
"El vídeo y su contenido no es de mi propiedad, sino que tema When I See You pertenece a Chris Botti".
Llega el otoño: los días empiezan a apagarse; la tierra decidirá sofocar su propia vitalidad; un aire gélido recorrerá las calles con paso creciente; las hojas de los árboles caerán, meciéndose con el viento, como un susurro; nuevos colores renacerán de la tristeza que deja el otoño a su paso, portando luces que intentarán suplantar la calidez perdida...
Aun así, sabiendo que la tristeza y la melancolía invadirán la tierra, las montañas, los árboles y demás, habrá un recoveco en el corazón que se alegrará, pues nunca hubo tanta belleza en el desvanecimiento de la vitalidad de Gaya. Pero el corazón no llorará, pues sabe que, al igual que el fénix, la vitalidad de nuestra amada tierra resurgirá con renovado fulgor.
En efecto, nos ha tocado vivir tiempos realmente oscuros, turbios y... malévolos.
No sabría decir si todo se debe a la ya famosa crisis económica, pero creo que la crisis más culpable de que estos tiempos sean así de revueltos no es ésta que he mencionado, sino la crisis de valores. ¡Ah, Nietzsche!¡Qué razón tenías al afirmar que se avecinaban tiempos de caos al hablar de nihilismo!
Hemos llegado a un punto no insostenible, sino un punto donde se vive el día a día indiferentemente con lo que sucede a nuestro alrededor sin llegar a darnos cuenta de la gravedad de las cosas... La sociedad empieza a preocuparme... empieza a ignorar la ley, a ignorar aquello nos mantiene estables, con un orden en las cosas. Hay leyes injustas, es cierto, y no existe nada que lo impida. Sin embargo, eso no quita que sean ley. ¿Es, pues, lícito rebelarse contra esas leyes?¿Alzarse "en armas" contra esas leyes injustas? Largo tiempo llevo preguntándome esto... y todavía no he hallado una respuesta definitiva.
Sin embargo, sí he llegado a atisbar, a través de la reflexión (cosa que parece que la gente ha olvidado), por dónde caminan mis ideas. Cometer un delito significaba ir en contra de la ley, sea justa o no. La gente tenía ésto asumido: no había quejas, sino apoyos. Pero tal parece que la sociedad ha despertado de un largo letargo... y ha tenido un mal despertar.
La gente está empezando a perder sus principios (si es que alguna vez los tuvieron), sus valores, la moralidad. Infringir la ley ya no lo consideran delito, sino una "obligación"... ¡Ah!¡Qué desdicha la mía!¿Si perdemos nuestros principios, nuestra moralidad y, sobre todo, nuestra capacidad de reflexionar en pos de actos meramente instintivos y, algunos, violentos, qué nos queda?¿Qué nos diferencia de los animales? ¡NADA!¡ABSOLUTAMENTE NADA!
Muchos intentarán escudarse tras motivos presuntamente lícitos. Pero si verdaderamente son lícitos esos motivos, ¿por qué ir en contra de la ley? Hay más maneras de reclamar justicia y nuestro ordenamiento jurídico prohíbe terminantemente la autotutela (para los que no estén versados en Derecho: tomar la justicia por uno mismo). Si es lícito, se podrá reclamar legalmente ante los tribunales. Si falla esta vía, no hay que desesperar, pues siguen existiendo medios que no perjudican a nadie (físicamente al menos) y que son los que verdaderamente debemos usar.
Aún así, los sucesos cotidianos me llevan a replantearme muchas cosas, cosas que creía que me eran imborrables, que marcarían el resto de mi vida y que de hecho ya han marcado mi vida, mi forma de ser, de pensar... La vida, pero sobre todo la sociedad, me han dado un revés tras otro, intentando demostrarme que todos mis pensamientos son fútiles, intentando convencerme de que la filosofía no sirve de nada en este mundo... Temo que lo estén consiguiendo...
Partes de mi ser, de mi corazón, de mi personalidad, que había encadenado en lo más profundo de mi alma para no volverlas a ver empiezan a aflorar de nuevo. Esas partes desmontan todo lo que he construido durante años; son partes contra natura, contra mi propia naturaleza. No nombraré aquí esos retazos de mi persona, pues no me enorgullezco de ellos... y sin embargo son fragmentos que forman parte de todo ser humano, durante toda su historia. Son la puerta a la oscuridad que habita en cada uno de nuestros corazones. Dicha puerta debe ser evitada a toda costa si queremos un mundo mejor...
Pero decirlo es muy fácil; hacerlo, no tanto. La influencia que ejerce esa oscuridad es muy fuerte, sólo aquellas personas con mente y corazón iluminados pueden resistir tamaña fuerza... y yo, por culpa del asedio constante de la sociedad, empiezo a caer en la oscuridad... la resistencia que ofrezco no aguantará mucho más... la luz, mi luz, está siendo consumida, cada vez más...
En estos tiempos oscuros tengo que resistir, esa es MI OBLIGACIÓN. DEBO RESISTIR. Debo vencer a la oscuridad que habita en mi interior, para cerciorarme de que no estoy en el lado equivocado, que estoy en lo correcto. Para ello, me serviré de lo único que puedo usar: mis principios, mi moralidad y, sobre todo, la filosofía.
"El contenido de este vídeo musical no es de mi propiedad."
¡Shh...!¡Silencio! Escucha... oye... pero sobre todo siéntelo... Sí... la música nos invade... ¿No es hermoso? ¡Ohhh! Lo ha vuelto a hacer... la música está recorriendo mi cuerpo, mi piel, mi ser...
Ya no estoy sentado frente al ordenador... No, ahora estoy volando, sí, viajando a otros lugares que desconozco y que sólo soy capaz de imaginar... ¿Es aquello que diviso el mar? Sí, lo es. Las olas chocan frente a un acantilado... el viento me acompaña, me conduce hasta al acantilado... ¡Oh!¡Qué espectáculo!¡Gracias, Dios mío, por permitirme sentir esto!
Espera... ya no estoy en acantilado... he cerrado los ojos un momento y me he transportado a una colina... Todo es verde aquí, la frescura de la naturaleza es palpable en el ambiente y, sobre todo, en el aire. Un río recorre las montañas. ¡Ah, Ovidio! Me temo que tu idílica prisión se estremece frente a esta visión... Acabo de hallar un nuevo concepto de la palabra "idílico", un concepto mucho más intenso, mucho más "vivo"... Esto debe ser lo más parecido al Edén de Dios. Dos ciervos, los reyes del bosque, acaban de pasar trotando a mi lado, sin inmutarse; los animales pasan cerca de mí, sienten curiosidad. Ya no soy alguien más, sino que soy "uno" más.
Se ha girado un viento huracanado. Los animales se marchan, asustados, previniendo el peligro. Cierro los ojos para cubrirme del fuerte vendaval... para cuando los vuelvo abrir el paisaje ha vuelto a cambiar... Sigo en el mismo lugar, pero sin ser el mismo lugar. Creía estar en el paraíso... craso error. Si de verdad existe algo como el paraíso debe ser como esto... El verde ha dado paso al rojo, al amarillo, al marrón... un sinfín de colores acaba de emerger de la nada. Las hojas de los árboles caen al suelo, a un ritmo hipnotizador... El río brilla ahora, el agua refleja ese arco iris que me acaba de brindar la madre naturaleza adaptando, para sí, esos colores. La brisa mece las hojas hacia el río, y hacia mí. Cuando estoy a punto de coger entre mis manos una hoja que giraba a mi alrededor...
La música termina... mi paraíso se desvanece, dando paso a mi habitación. Música, querida amiga, lo has vuelto a hacer... me has dejado con la miel en los labios. Pero no te culpo, no me puedo enfadar contigo. Sin ti, esta vida, como decía Nietzsche, sería un error. Te amo demasiado como para que salga una sola palabra de odio hacia ti... No, no debo culparte, sino darte las gracias. Gracias por hacerme viajar, una vez más...
"El contenido de este vídeo musical no es de mi propiedad, sino que pertenece a Chris Botti."
El otro día, tuve el placer de contemplar un cielo completamente estrellado, un inmenso manto azul bordado con diminutos diamantes, cada uno de ellos de un valor incalculable, con la luna como estampado principal. La luna, reina de la noche, nos deleitó, una vez más, con su belleza sin par, con su luz plateada, capaz de ensimismar a todo ser vivo que pise esta tierra con su poder atrayente.
Tenía ante mí uno de esos cuadros que nos otorga la naturaleza, si bien éste es más asiduo a aparecer a diferencia de otros, no por ello menos bello. La magia del momento, el poder de la luna y de las estrellas que antes he mencionado, produjo en mí un sentimiento, un vacío, una "melancolía lunar", tal y como verdaderamente se denomina a dicho poder.
La melancolía lunar me hizo pensar, como la mayoría de la humanidad habrá hecho a lo largo de su historia al ver la luna y las estrellas, en nuestra insignificancia, en la inmensidad del kosmos, en el deseo de poder volar, por uno mismo y no mediante artefacto alguno, y llegar a la luna, poder tocarla con las manos... Todo esto se derivó, irremediablemente, en una serie de pensamientos existenciales, base primordial de la filosofía. ¿Qué es el hombre sino una hormiga entre tanta inmensidad, una ínfima parte de algo tan vasto e incalculable...?¿Por qué está aquí el hombre?¿Hay algún propósito oculto que el hombre no ha sido capaz de averiguar en los miles de años que lleva pululando por la Tierra?¿Nacemos sólo para morir...?
¡Ah! Angustia, eso fue lo que sentí verdaderamente tras venirme a la mente tantas preguntas. Sin embargo, no me resigné sino que mi vena filosófica salió a la superficie. "No es posible que todos y cada uno de nosotros hayamos nacido destinados simplemente a perecer al cabo de un tiempo, un lapso de tiempo diferente para cada uno de nosotros", me dije. El ser humano, dotado de raciocinio y de la capacidad de modelar el mundo a su antojo, no puede, pues, resignarse a permanecer en la Tierra sin propósito alguno, pues el hecho de que poseamos ese don para modelar lo que nos rodea es argumento suficiente, para mí, para hallar un atisbo de luz en un asunto demasiado oscuro, demasiado turbio...
Dejando de lado la teología, camino paralelo a la filosofía, tomado por muchos para dar explicaciones a la creación del mundo y, sobre todo, del hombre, pues también intenta hallar la misión del hombre en la vida, y no por ello menos válido, intenté buscar la respuesta. Obviamente, no la hallé. Sin embargo, una idea pasó por mi cabeza, tal vez equivocada, pero aún así, hasta que nadie me demuestre lo contrario, creeré en ella.
Aquello que me vino a la cabeza fue esto: como me parecía inconcebible que el ser humano, algo verdaderamente complejo, no tuviera sentido en la vida, pensé que todos tenemos una misión, pero no una misión colectiva, sino individual. Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia misión, sea cual sea, y al ser ésta de ámbito individual, puede concebirse como un derecho, pues no como deber: todos tenemos el derecho a averiguar qué somos, qué hacemos aquí y qué debemos hacer. Pero como derecho, también todos tenemos el derecho a renunciar a dicha búsqueda, a vivir según dicte la Providencia.
Por tanto, cada uno de nosotros tenemos una misión en la vida, pero sólo nosotros podemos elegir si emprender su búsqueda y, una vez hallada, cumplirla o renunciar a ella o a su cumplimiento. En cuanto a mí, sigo buscando.
"El contenido del vídeo no es de mi propiedad. La pieza musical Infinite White pertenece a Steve Jablonsky y a los creadores de la película Transformers."
Vivimos en un mundo sin amor. Donde no hay amor, los sueños
están vacíos; donde no hay amor, las palabras que prometen un mundo mejor son
huecas; donde no hay amor, no hay verdadera libertad...
No es la gravedad la que mueve al mundo, sino el amor.
Somos los hombres quienes tenemos la obligación de decidir nuestro futuro y
cambiar nuestro mundo. Para ello, el ser humano debe contar con un elemento
necesario e imprescindible, como el respirar, base de las relaciones entre
individuos: el amor.
Del amor nace la libertad, esa idea absoluta que todo ser
humano ha deseado desde tiempos inmemoriales, pero, como he dicho antes, sin
amor, no hay libertad y sin libertad, no hay amor. Pues para que haya amor,
debe haber respeto, núcleo inherente e inseparable de la libertad. Este es el
punto, y no otro, en el que nacen muchos de los problemas mundiales de nuestro
tiempo.
El
respeto debe imperar en todas las relaciones humanas, pues es imposible
imponerlo en los pensamientos humanos, ya que cada uno de nosotros, como
humanos que somos, tenemos ideas y puntos de vista diferentes. Por tanto, cada
vez que alguien exprese sus ideas y opiniones éstas deben ser respetadas, no
importa su contenido, pues lo único que se puede llegar a sancionar son las
acciones, no las palabras ni las ideas.
Hasta que
no haya respeto entre nosotros, los humanos, no existirá la libertad verdadera.
Hasta entonces, personas como yo nos conformamos con el mero pensamiento de la
libertad, con saber que somos libres, digan lo que digan y hagan lo que hagan
los demás para con nuestra propia persona. Por ello, para que exista el
respeto, es necesario que implantemos el amor como régimen de gobierno.
Tomándome
la licencia de divagar durante un momento, mi mente viaja a través del mundo
actual y se dirige al colectivo más vulnerable y con menos capacidad para
entender sobre el amor: los jóvenes. Mi alma llora al ver que los jóvenes no
entienden sobre el amor. Muchos lo relacionan con el sexo (craso error), otros,
un poco más acertados, lo entrelazan con las relaciones "amorosas"
con otras personas (novios/as, marido y mujer...). Siendo este último concepto
el fin último del amor no es, por sí mismo el "amor" en sí, sino solamente
una parte de él, que abarca, a su vez, al sexo, que no es más que un
complemento de dichas relaciones. No, el amor no consiste sólo en eso, sino que
va mucho más allá, tal y como he dejado entrever al principio.
Hace
tiempo que lo pienso, pero ya es momento de decirlo, mi corazón no soporta ya
más esperas. El problema principal del mundo, pasado y presente, fue la
ignorancia, el no comprender bien. Querido lector, si aún no lo has entendido
con todo lo que he dicho hasta ahora, no sufras, pues yo aliviaré tu
sufrimiento; si, por el contrario, has acertado al coincidir tu respuesta con
la que yo voy a dar a continuación: enhorabuena, estás más cerca del mundo de
las ideas de Platón... del Nirvana... más cerca de ser un ser humano por
completo...
He aquí a
lo que me refería con el problema de comprensión que ha matado la esencia del
ser humano: los humanos, largo tiempo atrás, escuchamos a un hombre, a un
hombre cuyas ideas revolucionaban, en el verdadero sentido (y oculto) de la
palabra, el mundo. Le escuchamos, pero no le oímos, no todos le comprendimos.
No todos apreciaron lo que sus palabras transmitían, incluidos los que su más
tarde se considerarían sus seguidores, que se multiplicaron hasta llegar a
nuestros días. ¿Cuál fue su mensaje? Simplemente, que nos amaramos los unos a
los otros. Estimado lector, te lo vuelvo a preguntar ahora con la certeza de
que ya sabes la respuesta. En efecto, Jesús de Nazaret, Cristo para sus
seguidores, los cristianos.
Lo que
digo no es baladí, hablo totalmente en serio, con el corazón en la mano y con
la mente calma. Por tanto, hablo de Jesús dejando de lado matices religiosos y
hablando, solamente, como un filósofo, ya que a Jesús no sólo se le puede
escuchar como Hijo de Dios, tal y como hicieron los cristianos, sino que
también se le puede escuchar como filósofo, como alguien que cambiaría el mundo
con palabras de amor y respeto mutuos. Los que me conocen saben que hablo sin
religiosidad, sino como filósofo; los que no me conocen, simplemente tienen que
leer, si quieren, el resto del blog para conocerme.
Bien,
retomando el hilo argumental de la entrada, con el problema de comprensión que
tuvo y sigue teniendo el ser humano sobre las palabras de Jesús me
refiero a que, tal y como demostró el transcurso de la historia siglos después,
los propios cristianos olvidaron la palabra de Cristo, dejando de lado el amor
como elemento fundamental de las relaciones humanas, sustituyéndolo por la
violencia y la irrespetuosidad por las ideas ajenas. Sin embargo, no sólo los
cristianos tuvieron la culpa, sino también todos aquellos que, escuchando las
palabras de Jesús, las ignoraron voluntariamente, por las razones que fueran,
pues éstas fueron muchas y diversas.
¿Por qué
no se comprendió el mensaje de amor al prójimo?, me pregunto. Pues bien, tras
reflexionar largo y tendido, creo que fue por las mismas razones que he
mencionado supra, las que nos impiden vivir en libertad entre
nosotros. Confundieron amor con sexo, con relaciones íntimas entre las
personas, en vez de entenderlo por respeto mutuo y por la máxima de "vive
y deja vivir". Sobre Jesús tengo muchas cosas que decir, pero ahora no es
el momento de hablar de todas ellas.
Me
despido ahora recordando que en un mundo sin amor, pocas cosas podemos esperar
de él. Pues los sueños que no prevén para el futuro relaciones basadas en el
amor y, junto con él, en el respeto, son sueños vacíos (no todos los sueños, se
entiende, sino solamente aquellos sobre un mundo futuros, como el caso de Utopía de
Tomás Moro). Para facilitar la tarea, tal y como dijera Agustín de Hipona,
un filósofo de la África romana del siglo IV d.C., "si quieres conocer a
una persona, no le preguntes lo que piensa, sino lo que ama". Pues
deberíamos basar nuestras relaciones humanas con los demás en lo que nos
parecemos, no en lo que diferimos.
"Ni este vídeo ni su contenido son de mi propiedad, sino que pertenecen al grupo musical Audiomachine".
El joven lloró desconsoladamente durante mucho tiempo. El pensar en quitarse la vida suponía romper todo su pensamiento y su alma. Creía que quitarse la vida era un acto de cobardes, incapaces de afrontar los problemas de cara y de levantarse para seguir luchando... y estuvo apunto de hacer aquello que tanto odiaba...
Pero, de algún modo, el darse cuenta de que la vida era un preciado regalo que no debe desperdiciarse, le dio ánimo para una última oración, una oración cargada de la esperanza que había perdido y que menguaba por momentos. Con sus últimas gotas de fe, rezó en silencio, apenas un susurro, pues estaba entonando una oración para sí mismo y para quien pudiera escucharle. Le pidió a Dios que le ayudara, que no le dejara caer en la oscuridad, que le diera fuerzas para no pensar otra vez en la muerte como única salida... que si su destino era permanecer encerrado en ese vacío negro, lo aceptaría...
Pero en ese preciso momento, una luz empezó a penetrar en el vacío. Poco a poco, la pared se iba resquebrajando, hasta dar paso a una cegadora luz, cálida y brillante. El joven se tapó los ojos, pues había permanecido demasiado tiempo en la oscuridad, pero fue abriéndolos gradualmente hasta poder ver la escena que acontecía ante él.
Tanto tiempo había pasado en la oscuridad, que dudó acerca de la veracidad del momento. ¿Y si era una ilusión creada por su mente? Pero tras dar un paso hacia la luz sus dudas amainaron. La calidez con la que la luz abrazó al joven era real, todo su ser se estremeció al sentir aquella sensación.
Avanzó con paso firme hacia la abertura que había creado la luz. Cuando estaba a punto de salir, unas lágrimas surcaron su cara, pero, a diferencia de las lágrimas que había derramado un momento atrás, éstas no eran de tristeza y desesperanza, sino todo lo contrario: eran lágrimas de alivio, alegría, esperanza y felicidad.
"Ni este vídeo ni su contenido son de mi propiedad, sino que la pieza musical "Lux Aeterna" pertenece a Two Steps From Hell."
Esta es la historia de un joven. Un joven que vivía atrapado entre paredes.
Dicho joven despertó un día inmerso en la oscuridad. Cuando sus sentidos se fueron adaptando a ese vacío, se dio cuenta de que estaba atrapado. Estaba rodeado por paredes, ni una sola puerta o ventana. Era prisionero. Su reacción fue de alarma. ¿Cómo había llegado a esa situación? Se calmó. Con la mente más tranquila, empezó a golpear suavemente las paredes para ver si encontraba una abertura, una trampilla oculta que accionara un mecanismo que le abriera una salida. Nada.
Al pasar el tiempo, comenzó a impacientarse. Lo que antes eran leves golpes empezaron a convertirse en puñetazos ciegos, desesperados por encontrar una salida. El cansancio y el dolor hicieron mella en él, por lo que paró de dar golpes súbitamente. Las posibilidades de poder salir de su cautiverio eran cada vez menores y sus recursos escasos. Sabía que si tuviera más recursos, más de los que suponían ya sus propias manos, mente y cuerpo, sus esperanzas de encontrar una manera de salir se incrementarían, pero no era así... Una repentina sensación de miedo le invadió el cuerpo, ¿y si nunca podría salir de ahí? Le aterraba la respuesta.
Transcurrieron los días. Se sentía cada vez más inmerso en la oscuridad. Chillaba, gritaba al vacío, pero nadie respondía, no había respuesta posible. Se sentía cada vez más inútil, pues no podía hacer nada para mejorar su situación.
El cansancio y el hastío se fundían en un mismo sentimiento, sentimiento que se apoderó de él. La desesperación, finalmente, invadió por completo ese lugar tan oscuro en el que se encontraba, pues pensamientos oscuros, lúgubres y terroríficos le pasaron fugazmente por la cabeza. Si no podía salir de ahí, ¿qué sentido tenía entonces vivir? Fue ese pensamiento, el de la vida, el que se le quedó grabado a fuego en la mente. Al estar tanto tiempo encerrado, el suicidio le parecía la única opción viable...
Pero, entonces, se dio cuenta de lo que estaba pensando, de las barbaridades que le habían pasado por la cabeza. Estaba pensando en acabar con su propia vida, en cometer un crimen horrendo, deleznable y contrario a todas las leyes de la naturaleza... Se daba asco a sí mismo por haber pensado siquiera en tal cosa. Solo tuvo una reacción: llorar.
Empezó a llorar, solo, sin nadie que le consolara... lloró, sin esperanza alguna de hallar una salida o de que ocurriera un milagro... lloró inmerso en la más inmensa oscuridad.
"Este vídeo y su contenido no son de mi propiedad, sino que la pieza "Hurt" pertenece a Thomas Bergersen".