¡Oh, vosotros, que gozáis de sano entendimiento; descubrid la doctrina que se oculta bajo el velo de tan extraños versos! ~ Dante; Inferno

viernes, 30 de noviembre de 2012

Tengo un problema...

     No sabría decir cómo me siento en estos instantes. Una mezcla de sentimientos se agolpa a las puertas de mi alma. ¿Inutilidad? ¿Decepción? ¿Tristeza? ¿Coraje? ¿Incertidumbre? No lo sé...
     Durante esta época, desde hace ya unos años, me vienen a la mente una serie de pensamientos que no hacen más que atormentarme, torturarme... y, sinceramente, empiezo a cansarme de que me ocurra lo mismo año tras año. Estoy hastiado de mi malcontento...
     Conozco muy bien los motivos de mi "problemita emocional", y no los voy a citar aquí. El problema viene cuando yo, en un alarde de gallardía, me planto delante de esa barrera que se alza ante mí, impidiéndome el paso. Como es natural en mí, el primer arrebato da sus frutos, arremeto contra mis problemas y los venzo con facilidad, pero, luego, al pasar las horas, esa gallardía antes mostrada se desvanece,dando paso a un joven frágil y débil de convicción, sumido en la oscuridad, cuyos pensamientos se vuelven más y más turbios por momentos, pensamientos que ningún joven debería tener.
      Lo único que puedo hacer para aliviar mi "dolor" es meditar, recapacitar, buscar una vía de escape, encontrar esa luz que no todos encuentran. Temo entrar en un bucle oscuro sin salida... tengo miedo, miedo a afrontar la posibilidad que la verdad no me guste, miedo a que la solución que tanto ansío me lleve a un lugar inesperado, y que ese lugar me resulte desagradable o insufrible. En este viaje de un solo pasajero, el sendero se bifurca, y debo elegir. "Un bosque divergía en dos caminos, y yo elegí el menos transitado de los dos", dijo Robert Frost. Sin embargo, una cuestión me llega a la mente: ¿y si ya he elegido un camino sin saberlo? ¿Y si estoy en el más transitado, cuando debería haber escogido el otro...?
      Ahora, tan sólo me queda hacer lo que he mencionado antes: meditar para hallar la respuesta a todos mis porqués...
 
"El contenido de este vídeo no es de mi propiedad, sino que el tema Forgiven pertenece a City of the Fallen."

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Música, te doy las gracias.

    Cerré los ojos, pues una sensación de paz y tranquilidad me invadió cuando escuché la música. Su efecto fue instantáneo: me llevó, otra vez, a los lugares más recónditos de mi mente. Todo tipo de imágenes acudían a mi cabeza, todas ellas gratas y dichosas, pues es innegable que el tipo de música que uno escucha afecta a lo que la mente evoca.
    No me canso de admirar el misterioso poder que tiene la música en la mente humana, es mágico y sobrecogedor. ¿Cómo puede uno no quedarse embelesado con semejante regalo de los dioses? Uno de los mayores dones otorgados al hombre, sin duda: el don de crear música. Como dijo Nietzsche en su día: "sin música, la vida sería un error"; gran verdad.
    No puedo llegar a imaginar una vida sin la música, el idioma de los dioses. La música está conectada a la vida en sí misma. Ahora mismo, me encuentro sentado frente al ordenador, en casa, y sin moverme de la silla estoy reviviendo momentos de mi vida, reviviendo emociones pasadas, tan sólo con escuchar una composición musical. En efecto, la música se encuentra ligada a la vida, pues, ¿en qué se basa ésta sino? Toda canción o composición que se precie y que quiera considerarse bella está basada, de un modo u otro, en emociones concretas o en experiencias humanas.
    En este momento, estoy escuchando a Hans Zimmer, uno de mis compositores preferidos. Absolutamente sublime. Sus BSO´s están repletas de emociones, sentimientos, están rebosantes de vida, una vida y alma propias...
    No puedo negar la influencia de la música en mi vida, en mi forma de ser, en mi personalidad...Por ello, doy gracias a Dios, pues es un regalo que he sabido apreciar a lo largo de mi vida, y que seguiré apreciando hasta el día de mi juicio final. Si de algo estoy seguro, es de la importancia de la música, sobre todo para mí, pues me ha ayudado en los momentos difíciles, en los felices, y, sobre todo, me ha ayudado a comprender y a vivir la vida mucho mejor.


"El contenido del vídeo no es de mi propiedad, sino que el tema And then I kissed him pertenece a Hans Zimmer."
  

sábado, 24 de noviembre de 2012

He fallado...

     He fallado. Me he fallado a mí mismo. No he podido olvidarte... Juré que te olvidaría, pues el dolor de verte con otro era demasiado grande para mi corazón. Pero he fracasado estrepitosamente...
     Me di cuenta el otro día, cuando te vi sonreír, una vez más. Tu rostro me cegó con su luz, una luz que quedó grabada a fuego en mi mente; fue como un "shock": todo mi cuerpo se estremeció por el vuelco que dio mi corazón. No pude sostenerte la mirada; tu luz me cegaba, como una sombra que ve el sol por primera vez.
     Lo he intentado, de verdad.  Intenté alejarme de ti, pero no pude; tu imagen seguía latente en mi alma. Incluso cuando estaba con otras personas tu recuerdo acechaba mi mente. Tu aroma, tu rostro, tu voz, tu risa, tus ojos, tu cuerpo... todos mis recuerdos sobre ti venían súbitamente a mi cabeza. Me pregunté, en ese momento, qué era lo que me había hechizado de tal manera... hallé la respuesta: fue tu sonrisa. Conjuraste un encantamiento sobre mi alma sin articular palabra, sólo con sonreírme hiciste que cayera bajo tu embrujo.
     Ahora me pregunto, ¿qué debo hacer? ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Cómo debo reaccionar? Estoy en una encrucijada mucho más grande que la anterior. Decidí olvidarme de ti para no hacerme daño, intentar olvidar ese amor que surgió de la nada. Pero, ahora, al darme cuenta de lo imposible que me resulta  olvidarte, no tengo una segunda opción. Tan sólo me queda sufrir, sufrir como nunca antes había sufrido; deberé cargar con los remordimientos cada vez que te vea...
     Sin embargo, algo me dice que tengo otra opción, pero esperaba no recurrir a ella... esa vía de escape, tan horrorosa que ni siquiera he podido planteármela, es la huida, huir de ti, no volver a verte nunca más... no, no estoy dispuesto a ello; lo dije una vez y lo volveré a repetir: te aprecio demasiado como para dejar de verte, como para dejar de hablarte...
     Así que elegiré el sendero menos transitado, y el más doloroso, para mí: convivir con el sufrimiento. Pero mi alma me dice que esté tranquilo, que no pierda la esperanza, algo que a día de hoy parece un esfuerzo titánico... 
     Decidido está... pero, ¿quién sabe? La vida me depara muchos secretos, muchas sorpresas; tal vez, algún día, encuentre a otra mujer que me haga sentir lo mismo que siento por ti, haciendo, a su vez, que te olvide. Pues, como se suele decir, un clavo saca otro clavo, ¿no?


"El contenido del vídeo no es de mi propiedad, sino que el tema The Road Less Travelled pertenece a City Of The Fallen".
   

martes, 20 de noviembre de 2012

Lo que quiero...

    "¿Qué quiero en realidad?", me preguntaba el otro día. Todavía no lo sé a ciencia cierta, sólo puedo llegar a atisbar qué me gusta, qué es lo que me hace sentir vivo.
    Quiero leer a todas horas; leer poesía: a lord Byron, a Charles Baudelaire, a Walt Whitman, a Robert Frost, etc.; leer novelas: bélicas, negras, de fantasía...; leer teatro: Shakespeare, Calderón de la Barca, y demás. Quiero verme sentado, en un futuro, en un sillón frente a una chimenea junto con mi perro, un labrador, al que llamaré "Hamlet", mientras leo una buena novela.
     Quiero pasear por bosques, a través de senderos de tierra; acariciar al viento cada vez que extienda mis brazos mientras me hallo en un acantilado, a un paso del abismo; respirar aire puro en las montañas; admirarme una vez más con la belleza del inmenso mar azul; sentarme en la hierba, en medio de la naturaleza, para poder meditar y sentir cómo fluye la vida a través de la madre tierra.
    Quiero reírme, la chispa de la vida y de la felicidad, con mis amigos, con mis seres queridos, a todas horas; quiero estar con mi familia, sentir esa calidez que sólo ellos te pueden dar; quiero tener una sonrisa las 24 horas del día, incluso cuando esté durmiendo, pues eso significará que tengo un sueño plácido.
     Quiero coger de la mano a esa persona especial y pasear hasta el fin de los días con ella, sin mediar palabra, solamente nuestras esencias serán las que articulen las palabras sin sonido; mirarla a los ojos, y descubrir, entonces, la verdad del mundo, la verdad del universo... descubrir mi existencia en sus pupilas; observar cómo sonríe cada vez que gasto alguna broma o cuento algún chiste; quiero sentirme el hombre más feliz del mundo cuando esté con ella.
      Quiero desprenderme de este cuerpo terrenal, que mi alma vuele libremente hacia los lugares más ignotos, a los planetas y galaxias más lejanos; que ésta surque los mares y cielos, sobrevolar los parajes olvidados por el hombre, alejarme de este mundo, llegar a ver lo que nadie ha visto...
      Quiero saber lo que nadie sabe, averiguar lo que apenas intuyo; quiero tener el conocimiento supremo, llegar al mundo de Platón y descubrir una luz que muy pocos pueden llegar a ver en este mundo de sombras.
       Quiero... vivir.


"Este vídeo y su contenido no son de mi propiedad, sino que la pieza musical Reaching pertenece al grupo musical Audiomachine".

jueves, 15 de noviembre de 2012

Mi tierra...

    Me despertó el sonido del motor. Ahí estaba yo, en el autobús, rumbo a mi tierra natal, con la cara pegada al cristal. Me había invadido el sueño durante casi todo el trayecto, y ahora, en el tramo final de éste, me despierto.
    Ha sido un largo y tedioso viaje, pero entonces miro la montaña que se alza orgullosa allá, a lo lejos, y todas las penas se desvanecen. No es una gran montaña, ni mucho menos, pero es "esa" montaña, no hay otra igual en el mundo. Además, es la montaña que me permite saber que allí está mi pueblo, el lugar donde nací, donde está mi familia. Una sonrisa se dibuja en mi rostro sin quererlo; es inevitable, cada vez que veo a ese entrañable pedrusco una sensación de paz y tranquilidad se adueña de mí.
    Es extraño; ¿cómo una roca puede evocar semejantes sentimientos? Una existencia que ni siquiera es consciente de que existe, eso es una roca. Pero, a medida que me acerco a mi destino, me doy cuenta: no es la montaña la que me evoca esa sensación de paz, tan ansiada y buscada y que pocas veces podemos hallar, sino que somos nosotros los que le infundimos sentimientos: vertemos nuestro cariño y afecto a un objeto inanimado, convirtiéndose éste en algo verdaderamente especial para el resto de nuestras vidas.
    El trayecto continúa, y cada vez estoy más cerca de pisar tierra otra vez. Ahora la montaña se muestra ante mí con todo su esplendor. La felicidad, ese sentimiento tan complejo, me desborda. Todas las penurias que me han ocurrido a lo largo de la semana desaparecen, mágicamente. Pero si con esto no tenía suficiente, atisbo en la lontananza el mar azul... ¡ah! ¡el mar...! Pocas cosas en este mundo son tan bellas y misteriosas como el mar. Tan peligroso y tan bello al mismo tiempo.
    La tierra y el mar se funden en un abrazo, como dos amantes que se encuentran tras largo tiempo separados. La montaña alarga un brazo hacia el agua, como queriendo decir "no te alejes, quédate conmigo". 
    Cierro los ojos una vez más, pero esta vez sin ánimo de dormir, sino con la intención de encontrar esos sentimientos que guardo en mi alma y que afloran nada más ver el mar y la montaña. Sentimientos de felicidad, amor, paz y seguridad. Sí, seguridad... porque cuando atravieso, por fin, el límite exterior de mi tierra me siento como si un gigante de piedra nos custodiara a todos y a cada uno de los que viven a su sombra, vigilando eternamente por nosotros.
     El bus llega a su destino. Recojo mis pertenencias, me dispongo a apearme de ese vehículo infernal y me despido con alegría del sonido inmundo del motor del susodicho trasto, con la esperanza de no volver a subir a semejante cosa.
     Nada más pisar tierra, inspiro una bocanada de aire: ¡ah! ¡esto sí que es aire puro, y no lo de la ciudad! Observo a grosso modo el paisaje que me rodea: los árboles se extienden a lo largo de la montaña, la cual me da la bienvenida ofreciéndome un magnífico atardecer, pues el sol se oculta tras ella, cual niño tras las faldas de su madre; el mar se extiende con toda su magnificencia a lo largo de la costa. De repente, una brisa de aire fresco invade el lugar; cierro los ojos y extiendo los brazos para disfrutarla... estoy en casa.


"El contenido del vídeo no es de mi propiedad. El tema Opalescence pertenece a Thad Fiscella".

lunes, 29 de octubre de 2012

Lluvia + café + música = sueño...

    La lluvia cae grácilmente sobre la ciudad. La gente corre para resguardarse; los coches tienen el parabrisas en marcha; el ambiente cargado que se respiraba se desvanece por momentos... y yo a paso lento, mojándome la gabardina con el agua de la lluvia, disfrutando del espectáculo.
    Llego a una cafetería; me acerco a la mesa del rincón, junto al enorme ventanal; dejo la gabardina en la silla de enfrente y me siento. La camarera, muy amablemente, me toma nota enseguida: un café, como siempre.
    Pocos minutos después, me hallo mirando el exterior por el ventanal mientras me tomo el café. Me gusta este local, han puesto un poco de jazz, lo que le da cierta "magia" al ambiente. Inhalo el aroma del oscuro café... ¡ah! ¡soberbio!
    Las gotas de lluvia recorren el cristal del ventanal, me otorgan un pase para ver una carrera entre ellas: ¿ganará la gota de la izquierda o la de la derecha? No lo sé, ambas se deslizan muy rápido. ¡Diantre! ¡La de la derecha ha cogido velocidad! ¡Va a ganar la de la derecha...! ¡¡PUUM!! Algo hace que me desconecte de tan asombrosa carrera: un nuevo cliente, ha entrado corriendo porque se estaba mojando; parece ser que la lluvia empieza a caer con más fuerza.
    Bueno, ya no sé quién ha ganado la "carrera". Me río para mis adentros, sigo siendo un crío; pero, en cierto modo, me alegra conservar a "ese niño" en mi interior, me hace sentir "más vivo".
    Saco una libreta y un bolígrafo de un maletín que llevaba conmigo; contemplo una vez más el ventanal para ver cómo llueve. ¡Ah! ¡Me encanta que llueva! Es cuando más relajado estoy. Cierro los ojos; dejo que el sonido de la lluvia me inspire... y empiezo a escribir en mi libreta mientras apuro mi café.
     Un sueño hecho realidad. 


"El tema When I Fall In Love no es de mi propiedad; pertenece a Chris Botti"

miércoles, 24 de octubre de 2012

Una noche triste.

     ¿Has sentido alguna vez la tristeza? Sí, seguramente. Doy por hecho que has notado alguna vez cómo tu cuerpo está más fatigado de lo normal, cómo intentas exigirle más, pero sólo te responde con más pesadez, con más cansancio; del mismo modo, también doy por hecho que has sentido cómo tu estado de ánimo descendía a lo largo del día, cómo has pasado de estar sonriente a tener una línea recta, imperturbable, en tus labios, no dejando ver ningún atisbo de alegría; habrás notado que no tienes ganas de hablar, de pensar...
      En esos momentos no eres persona, eres un autómata errante, que vaga por la tierra sin sentido alguno. Te preguntas por qué estás así, y probablemente halles la respuesta, pero tal vez no quieres saberla porque sabes que te entristecerá más aún; sin embargo, maldita sea nuestra naturaleza, no dejas de pensar en ello, entrando en un bucle que parece no tener fin.
      Lo normal en estos casos es que estés triste por una minucia: te sientes un inútil por no haber acertado a ninguna de las respuestas; crees que podrías hacer las cosas mucho mejor; has dicho en voz alta algo que tendrías que haberte callado, pues has herido a quien te ha escuchado y a ti mismo...
      Tal y como dije el otro día, te invadirá la soledad; querrás estar solo, no querrás hablar con nadie. Pero como ya comenté, no es bueno quedarse solo. La única solución a la tristeza, la única salida a ese bucle, es abrirte a los demás, contárselo a alguien de confianza, desahogarte, charlar con tus amigos, reírte con ellos. La risa es la cura de todo mal del alma, a todo mal anímico.
      Sin embargo, como todos hemos sufrido la tristeza en algún momento de nuestra vida, puedo decir que todos deberíamos estar, al menos, un momento a solas con nosotros mismos, para reflexionar y recapacitar, para no volver a caer en el mismo error... no hay mejor momento para ello que la noche, al amparo de la oscuridad, la luna y las estrellas: cuando estás verdaderamente solo, sin nadie a quien preocupar, sin nadie a quien molestar con tus quebraderos de cabeza...
      Ahora, dejo de escribir, amigos míos... la noche ha llegado, y con ella, mis divagaciones.


"El tema Silent Tears no es de mi propiedad, sino que pertenece a los creadores de Last Window: The Secret Of Cape West".

domingo, 21 de octubre de 2012

Mi "más allá"...

     ¿Qué ocurrirá cuando ya no vivamos, cuando nuestra alma deje este lugar? Tal vez la mayor pregunta que el ser humano pueda plantear, y posiblemente la que más interrogantes aclare con su respuesta...
     No voy a engañarme a mí mismo: no podré encontrar la respuesta por mucho que reflexione. Pero sí tengo una cosa clara: como ser humano que soy, tengo el poder de imaginar y pensar lo que se me antoje sin que nadie me lo impida, pues es una característica de la naturaleza humana, que algunos aún no comprenden. Por lo tanto, simplemente se puede pedir respeto por las creencias de los demás y por las nuestras propias. Pero bueno, no iba a hablar sobre el respeto, sino del "más allá".
     ¿Qué nos depara al morir? Lo ignoro; ¿encontraremos unas escaleras de cristal que nos llevarán al cielo? o, quizá, ¿encontraremos un sinfín de nubes blancas y una enorme puerta dorada custodiada por un anciano sonriente que nos dirá cuál es nuestro destino final según hayamos vivido una vida virtuosa o una vida llena de maldad?; ¿tal vez la muerte sea el despertar de un sueño llamado vida?; ¿o podría ser que nos encontremos con un ser querido que falleciera hace largo tiempo y que éste nos explicara la Verdad?
     No lo sé; las posibilidades son infinitas. ¿Qué ocurriría si, por el contrario, no existiera un más allá; que morimos sin más? ¿Seremos conscientes de nuestra muerte? ¿Nos reencarnaremos en alguna otra criatura viviente, en otro ser humano? Oscuro es el campo de las respuestas a esta cuestión; no tenemos nada que arroje luz verdadera...
     ¿Seremos acogidos por Dios? ¿Nuestra alma bajará a las profundidades del mundo y deberemos pagarle el viaje a un barquero decrépito a lo largo de la laguna Estigia para atravesar el Hades hacia los Campos Elíseos o hacia el Tártaro? ¿Nos adentraremos en un jardín de luz, fauna y naturaleza donde todo es perfecto?  
     Personalmente, me gustaría pensar que no nos reencarnamos al morir, pues éso supondría que mi alma ha viajado a lo largo de los siglos y que no recuerdo nada de "mis vidas pasadas", lo que supondría, a su vez, que el no recordar sería como no haber vivido, cosa que no quiero olvidar. Quiero saber que he vivido y no he malgastado mi vida, que hemos venido a este mundo por una razón, que no estamos "de paso".
     De modo, que prefiero pensar que, al morir, despertaremos envueltos en una luz cegadora; admiraremos un lugar inmenso, lleno de luz y colores vivos, con árboles, agua y muchísima gente, de todas las edades, lugares y épocas, sonriendo, jugando y divirtiéndose. Nos giraremos sobre nosotros mismos para ver que volvemos a ser jóvenes y que nuestro cuerpo está rodeado por un aura astral, de luz. Entonces, oiremos una voz, intensa y profunda, pero nada temible, que nos llamará; seguiremos, instintivamente, a la voz, pues nos transmite mucha calidez y nos resulta conocida. Cuando lleguemos a nuestro destino, una luz gigantesca se nos aparecerá dándonos la bienvenida; la luz tomará figura humana, la de un joven de unos treinta años, vestido con una radiante túnica blanca, que se apartará mostrándonos aquello que nos faltaba en ese lugar de ensueño: nuestros seres queridos... en ese momento lo tendría todo; al fin, descansaría en paz...
   

"El tema In The Next Life no es de mi propiedad, sino que pertenece a Gothic Storm."

jueves, 18 de octubre de 2012

Soledad

     Schopenhauer dijo una vez: "La soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes". Arthur, amigo, no estoy de acuerdo contigo.
     Si bien es cierto que la soledad puede llegar a ser un gran bálsamo para el hombre actual, puede también llegar a ser su perdición. Cuántas veces habremos vivido situaciones en las que preferíamos estar solos, que nos dejaran en paz para poder reflexionar, para poder hallar una respuesta a aquello que nos perturbaba. En esos momentos estar solo era un remanso de paz y tranquilidad. Sin embargo, también era una huida fácil, un escondite a nuestros problemas; suponía no querer enfrentarse a lo que nos aterraba, salir con el rabo entre las piernas, en vez de hablar de ello con amigos, familiares y demás o, por qué no, encarar el problema y solucionarlo.
     ¿Pero por qué en esas situaciones optamos por estar solos? Sencillo: porque nos encanta el sabor de la soledad; somos adictos a su esencia, a sus efectos, a sus consecuencias... disfrutamos cada instante que pasamos lejos de la sociedad, lejos de nuestro mundo. Sin embargo, la soledad no siempre nos deja un buen regusto.
     Hay momentos en la vida de ciertas personas en los que se ven a ellas mismas en un futuro, solas, desamparadas, sin nadie con quien pasar el resto de su vida, sin nadie a quien amar... ese tipo de soledad, creedme, no es nada placentero. Imaginar que estás destinado a estar solo, destinado a ver cómo transcurre tu vida y la de tus conocidos sabiendo que la suya ha cambiado para siempre mientras que la tuya sigue estancada en un pozo que, al parecer, no tiene fondo. Es en esos momentos, querido Arthur, en que piensas que mereces algo mejor, que la vida te ha premiado con la peor recompensa de todas: la soledad.
     Pero la razón no estriba en que el ser humano sea un animal que viva en sociedad, como nos quería hacer creer Aristóteles, pues en ocasiones tiraríamos a la sociedad por la borda si fuera posible, pues no nos deja evolucionar como espíritus libres. No, la razón de que la soledad sea tan amarga es porque el ser humano es una criatura llena de pasión, de sentimientos, un ser con alma... tales cosas como el amor, la amistad, la tristeza, la ira son cosas que tan sólo el ser humano puede experimentar.
     Hacías bien, Arthur, en pensar que al estar solos evadimos las tentaciones de la vida y que éso nos ayudaba a reflexionar, pero son esas tentaciones las que nos hacen estar vivos, las que nos hacen sentir que tenemos una razón para estar en este mundo. Sentir cómo palpita tu corazón y cómo se revoluciona todo tu cuerpo al ver a la mujer que amas; sentir la agradable melodía de las risas en una tarde con tus amigos; sentir una calidez en el pecho cuando estás reunido con tu familia y que, en ese momento, todo va bien y que nada puede estropear tu felicidad... éso, querido Arthur, éso es lo que nos hace estar vivos, éso es lo que me obliga a decir que no quiero estar solo en esta vida, que quiero pasarla junto con alguien especial, que quiero sentir que mi vida ha tenido sentido...
      No quiero sentir cómo mi alma se agrieta y empieza a llorar de tristeza, de melancolía y de soledad... sólo el tiempo dirá qué ocurrirá con mi vida, pero si pudiera elegir, Arthur, elegiría vivirla junto con mis seres queridos; elegiría no estar solo...


"El tema Forever Alone no es de mi propiedad, sino que pertenece a Gothic Storm."

martes, 16 de octubre de 2012

Un anhelo en la oscuridad de los sueños.

     La oscuridad lo cubría todo; las sombras engullían todo atisbo de realidad... y sin embargo ella sabía que estaba allí. Notaba que estaba de pie, sin perder el equilibrio; notaba su propia presencia; podía verse las manos, los pies, pero nada de todo lo que la rodeaba...
     Avanzó unos pasos en la oscuridad, en busca de la salida, en busca de ayuda... nada. Dio varias vueltas sobre sí misma, para tener una mejor perspectiva de donde se encontraba, pero sólo vio oscuridad, todo era negro allá donde mirase. Empezó a asustarse.
     De pronto, algo empezó a brillar. Al principio la cegó, pero poco a poco fue distinguiendo una figura, un hombre; cuando estuvo lo bastante cerca pudo divisar su rostro: era él. Un aura de luz le envolvía el cuerpo, sin embargo, nada de lo que los rodeaba había cambiado. Pese a esto, una sensación de comodidad la invadió.
     Él le sonrió, su sonrisa la reconfortaba, le daba calidez; ella le devolvió la sonrisa, por lo que él sonrió más aún. Acto seguido, él extendió su brazo, ofreciéndole la mano, mientras seguía sonriendo. Cuando ella alargó la mano en busca de la suya, una sombra de duda la atravesó... él se percató de ello, y la sonrisa se le fue del rostro, pero seguía aún extendiéndole la mano. Ella, dubitativa, seguía sin reaccionar; tras unos segundos, un amargo rostro de tristeza asomó en la cara del chico, con unas lágrimas surcándole la faz...
     El muchacho cerró los ojos, pero seguía llorando... ella se dispuso a decir algo, pero, entonces, él abrió los ojos y un fuego vivo apareció en su mirada; ella se sobresaltó, pero no más que cuando vio que de la mano del chico empezaron a brotar unas llamas que, poco a poco, se iban extendiendo por el brazo...
     Él, ajeno a lo que sucedía, seguía ofreciéndole la mano, que ardía en llamas, pero no parecía inmutarse. Cuando las llamas alcanzaron el torso, ella ahogó un grito... las llamas le consumían, cada vez más rápido. Unas lágrimas brotaron del rostro de la chica, se sentía impotente, pues no podía reaccionar...
     Las llamas cubrieron el cuerpo del muchacho por completo, sin dejar ver ya su rostro, sólo apenas perceptible su figura y su brazo, que seguía extendido hacia ella, ofreciéndole la mano... ella lloraba desconsoladamente, pero nada cambiaba, nada sucedía...
     Entonces, se giró un viento en aquel extraño lugar, llevándose el fuego consigo, pero no dejó nada tras de sí... el muchacho había desaparecido.
     Las lágrimas de ella cesaron del asombro, pero de la sorpresa pasó a la desesperación, lanzando un grito en la oscuridad...
     Entonces, ella despertó... estaba empapada de sudor, un sudor frío; seguía en su cama, a salvo, en su habitación... había sido solamente un sueño...