¡Oh, vosotros, que gozáis de sano entendimiento; descubrid la doctrina que se oculta bajo el velo de tan extraños versos! ~ Dante; Inferno

lunes, 23 de julio de 2012

Melancolía lunar

     El otro día, tuve el placer de contemplar un cielo completamente estrellado, un inmenso manto azul bordado con diminutos diamantes, cada uno de ellos de un valor incalculable, con la luna como estampado principal. La luna, reina de la noche, nos deleitó, una vez más, con su belleza sin par, con su luz plateada, capaz de ensimismar a todo ser vivo que pise esta tierra con su poder atrayente.
     Tenía ante mí uno de esos cuadros que nos otorga la naturaleza, si bien éste es más asiduo a aparecer a diferencia de otros, no por ello menos bello. La magia del momento, el poder de la luna y de las estrellas que antes he mencionado, produjo en mí un sentimiento, un vacío, una "melancolía lunar", tal y como verdaderamente se denomina a dicho poder.
     La melancolía lunar me hizo pensar, como la mayoría de la humanidad habrá hecho a lo largo de su historia al ver la luna y las estrellas, en nuestra insignificancia, en la inmensidad del kosmos, en el deseo de poder volar, por uno mismo y no mediante artefacto alguno, y llegar a la luna, poder tocarla con las manos... Todo esto se derivó, irremediablemente, en una serie de pensamientos existenciales, base primordial de la filosofía. ¿Qué es el hombre sino una hormiga entre tanta inmensidad, una ínfima parte de algo tan vasto e incalculable...?¿Por qué está aquí el hombre?¿Hay algún propósito oculto que el hombre no ha sido capaz de averiguar en los miles de años que lleva pululando por la Tierra?¿Nacemos sólo para morir...?
     ¡Ah! Angustia, eso fue lo que sentí verdaderamente tras venirme a la mente tantas preguntas. Sin embargo, no me resigné sino que mi vena filosófica salió a la superficie. "No es posible que todos y cada uno de nosotros hayamos nacido destinados simplemente a perecer al cabo de un tiempo, un lapso de tiempo diferente para cada uno de nosotros", me dije. El ser humano, dotado de raciocinio y de la capacidad de modelar el mundo a su antojo, no puede, pues, resignarse a permanecer en la Tierra sin propósito alguno, pues el hecho de que poseamos ese don para modelar lo que nos rodea es argumento suficiente, para mí, para hallar un atisbo de luz en un asunto demasiado oscuro, demasiado turbio...
     Dejando de lado la teología, camino paralelo a la filosofía, tomado por muchos para dar explicaciones a la creación del mundo y, sobre todo, del hombre, pues también intenta hallar la misión del hombre en la vida, y no por ello menos válido, intenté buscar la respuesta. Obviamente, no la hallé. Sin embargo, una idea pasó por mi cabeza, tal vez equivocada, pero aún así, hasta que nadie me demuestre lo contrario, creeré en ella.
      Aquello que me vino a la cabeza fue esto: como me parecía inconcebible que el ser humano, algo verdaderamente complejo, no tuviera sentido en la vida, pensé que todos tenemos una misión, pero no una misión colectiva, sino individual. Cada uno de nosotros tenemos nuestra propia misión, sea cual sea, y al ser ésta de ámbito individual, puede concebirse como un derecho, pues no como deber: todos tenemos el derecho a averiguar qué somos, qué hacemos aquí y qué debemos hacer. Pero como derecho, también todos tenemos el derecho a renunciar a dicha búsqueda, a vivir según dicte la Providencia.
     Por tanto, cada uno de nosotros tenemos una misión en la vida, pero sólo nosotros podemos elegir si emprender su búsqueda y, una vez hallada, cumplirla o renunciar a ella o a su cumplimiento. En cuanto a mí, sigo buscando.

"El contenido del vídeo no es de mi propiedad. La pieza musical Infinite White pertenece a Steve Jablonsky  y a los creadores de la película Transformers."

lunes, 16 de julio de 2012

Un mundo sin amor


Vivimos en un mundo sin amor. Donde no hay amor, los sueños están vacíos; donde no hay amor, las palabras que prometen un mundo mejor son huecas; donde no hay amor, no hay verdadera libertad...
No es la gravedad la que mueve al mundo, sino el amor. Somos los hombres quienes tenemos la obligación de decidir nuestro futuro y cambiar nuestro mundo. Para ello, el ser humano debe contar con un elemento necesario e imprescindible, como el respirar, base de las relaciones entre individuos: el amor.
Del amor nace la libertad, esa idea absoluta que todo ser humano ha deseado desde tiempos inmemoriales, pero, como he dicho antes, sin amor, no hay libertad y sin libertad, no hay amor. Pues para que haya amor, debe haber respeto, núcleo inherente e inseparable de la libertad. Este es el punto, y no otro, en el que nacen muchos de los problemas mundiales de nuestro tiempo.
El respeto debe imperar en todas las relaciones humanas, pues es imposible imponerlo en los pensamientos humanos, ya que cada uno de nosotros, como humanos que somos, tenemos ideas y puntos de vista diferentes. Por tanto, cada vez que alguien exprese sus ideas y opiniones éstas deben ser respetadas, no importa su contenido, pues lo único que se puede llegar a sancionar son las acciones, no las palabras ni las ideas.
Hasta que no haya respeto entre nosotros, los humanos, no existirá la libertad verdadera. Hasta entonces, personas como yo nos conformamos con el mero pensamiento de la libertad, con saber que somos libres, digan lo que digan y hagan lo que hagan los demás para con nuestra propia persona. Por ello, para que exista el respeto, es necesario que implantemos el amor como régimen de gobierno.
Tomándome la licencia de divagar durante un momento, mi mente viaja a través del mundo actual y se dirige al colectivo más vulnerable y con menos capacidad para entender sobre el amor: los jóvenes. Mi alma llora al ver que los jóvenes no entienden sobre el amor. Muchos lo relacionan con el sexo (craso error), otros, un poco más acertados, lo entrelazan con las relaciones "amorosas" con otras personas (novios/as, marido y mujer...). Siendo este último concepto el fin último del amor no es, por sí mismo el "amor" en sí, sino solamente una parte de él, que abarca, a su vez, al sexo, que no es más que un complemento de dichas relaciones. No, el amor no consiste sólo en eso, sino que va mucho más allá, tal y como he dejado entrever al principio. 
Hace tiempo que lo pienso, pero ya es momento de decirlo, mi corazón no soporta ya más esperas. El problema principal del mundo, pasado y presente, fue la ignorancia, el no comprender bien. Querido lector, si aún no lo has entendido con todo lo que he dicho hasta ahora, no sufras, pues yo aliviaré tu sufrimiento; si, por el contrario, has acertado al coincidir tu respuesta con la que yo voy a dar a continuación: enhorabuena, estás más cerca del mundo de las ideas de Platón... del Nirvana... más cerca de ser un ser humano por completo...
He aquí a lo que me refería con el problema de comprensión que ha matado la esencia del ser humano: los humanos, largo tiempo atrás, escuchamos a un hombre, a un hombre cuyas ideas revolucionaban, en el verdadero sentido (y oculto) de la palabra, el mundo. Le escuchamos, pero no le oímos, no todos le comprendimos. No todos apreciaron lo que sus palabras transmitían, incluidos los que su más tarde se considerarían sus seguidores, que se multiplicaron hasta llegar a nuestros días. ¿Cuál fue su mensaje? Simplemente, que nos amaramos los unos a los otros. Estimado lector, te lo vuelvo a preguntar ahora con la certeza de que ya sabes la respuesta. En efecto, Jesús de Nazaret, Cristo para sus seguidores, los cristianos.
Lo que digo no es baladí, hablo totalmente en serio, con el corazón en la mano y con la mente calma. Por tanto, hablo de Jesús dejando de lado matices religiosos y hablando, solamente, como un filósofo, ya que a Jesús no sólo se le puede escuchar como Hijo de Dios, tal y como hicieron los cristianos, sino que también se le puede escuchar como filósofo, como alguien que cambiaría el mundo con palabras de amor y respeto mutuos. Los que me conocen saben que hablo sin religiosidad, sino como filósofo; los que no me conocen, simplemente tienen que leer, si quieren, el resto del blog para conocerme.
Bien, retomando el hilo argumental de la entrada, con el problema de comprensión que tuvo y sigue teniendo el ser humano sobre las palabras de Jesús  me refiero a que, tal y como demostró el transcurso de la historia siglos después, los propios cristianos olvidaron la palabra de Cristo, dejando de lado el amor como elemento fundamental de las relaciones humanas, sustituyéndolo por la violencia y la irrespetuosidad por las ideas ajenas. Sin embargo, no sólo los cristianos tuvieron la culpa, sino también todos aquellos que, escuchando las palabras de Jesús, las ignoraron voluntariamente, por las razones que fueran, pues éstas fueron muchas y diversas.
¿Por qué no se comprendió el mensaje de amor al prójimo?, me pregunto. Pues bien, tras reflexionar largo y tendido, creo que fue por las mismas razones que he mencionado supra, las que nos impiden vivir en libertad entre nosotros. Confundieron amor con sexo, con relaciones íntimas entre las personas, en vez de entenderlo por respeto mutuo y por la máxima de "vive y deja vivir". Sobre Jesús tengo muchas cosas que decir, pero ahora no es el momento de hablar de todas ellas.
Me despido ahora recordando que en un mundo sin amor, pocas cosas podemos esperar de él. Pues los sueños que no prevén para el futuro relaciones basadas en el amor y, junto con él, en el respeto, son sueños vacíos (no todos los sueños, se entiende, sino solamente aquellos sobre un mundo futuros, como el caso de Utopía de Tomás Moro). Para facilitar la tarea, tal y como dijera Agustín de Hipona, un filósofo de la África romana del siglo IV d.C., "si quieres conocer a una persona, no le preguntes lo que piensa, sino lo que ama". Pues deberíamos basar nuestras relaciones humanas con los demás en lo que nos parecemos, no en lo que diferimos.


"Ni este vídeo ni su contenido son de mi propiedad, sino que pertenecen al grupo musical Audiomachine".

lunes, 23 de abril de 2012

Aun en los tiempos más oscuros sigue habiendo esperanza.

   He aquí la continuación del relato anterior:
   El joven lloró desconsoladamente durante mucho tiempo. El pensar en quitarse la vida suponía romper todo su pensamiento y su alma. Creía que quitarse la vida era un acto de cobardes, incapaces de afrontar los problemas de cara y de levantarse para seguir luchando... y estuvo apunto de hacer aquello que tanto odiaba...
   Pero, de algún modo, el darse cuenta de que la vida era un preciado regalo que no debe desperdiciarse, le dio ánimo para una última oración, una oración cargada de la esperanza que había perdido y que menguaba por momentos. Con sus últimas gotas de fe, rezó en silencio, apenas un susurro, pues estaba entonando una oración para sí mismo y para quien pudiera escucharle. Le pidió a Dios que le ayudara, que no le dejara caer en la oscuridad, que le diera fuerzas para no pensar otra vez en la muerte como única salida... que si su destino era permanecer encerrado en ese vacío negro, lo aceptaría...
   Pero en ese preciso momento, una luz empezó a penetrar en el vacío. Poco a poco, la pared se iba resquebrajando, hasta dar paso a una cegadora luz, cálida y brillante. El joven se tapó los ojos, pues había permanecido demasiado tiempo en la oscuridad, pero fue abriéndolos gradualmente hasta poder ver la escena que acontecía ante él.
   Tanto tiempo había pasado en la oscuridad, que dudó acerca de la veracidad del momento. ¿Y si era una ilusión creada por su mente? Pero tras dar un paso hacia la luz sus dudas amainaron. La calidez con la que la luz abrazó al joven era real, todo su ser se estremeció al sentir aquella sensación.
   Avanzó con paso firme hacia la abertura que había creado la luz. Cuando estaba a punto de salir, unas lágrimas surcaron su cara, pero, a diferencia de las lágrimas que había derramado un momento atrás, éstas no eran de tristeza y desesperanza, sino todo lo contrario: eran lágrimas de alivio, alegría, esperanza y felicidad.


"Ni este vídeo ni su contenido son de mi propiedad, sino que la pieza musical "Lux Aeterna" pertenece a Two Steps From Hell."

jueves, 19 de abril de 2012

Relato de la desesperanza, amiga de la oscuridad.

   Esta es la historia de un joven. Un joven que vivía atrapado entre paredes.
   Dicho joven despertó un día inmerso en la oscuridad. Cuando sus sentidos se fueron adaptando a ese vacío, se dio cuenta de que estaba atrapado. Estaba rodeado por paredes, ni una sola puerta o ventana. Era prisionero. Su reacción fue de alarma. ¿Cómo había llegado a esa situación? Se calmó. Con la mente más tranquila, empezó a golpear suavemente las paredes para ver si encontraba una abertura, una trampilla oculta que accionara un mecanismo que le abriera una salida. Nada.
   Al pasar el tiempo, comenzó a impacientarse. Lo que antes eran leves golpes empezaron a convertirse en puñetazos ciegos, desesperados por encontrar una salida. El cansancio y el dolor hicieron mella en él, por lo que paró de dar golpes súbitamente. Las posibilidades de poder salir de su cautiverio eran cada vez menores y sus recursos escasos. Sabía que si tuviera más recursos, más de los que suponían ya sus propias manos, mente y cuerpo, sus esperanzas de encontrar una manera de salir se incrementarían, pero no era así...  Una repentina sensación de miedo le invadió el cuerpo, ¿y si nunca podría salir de ahí? Le aterraba la respuesta.
   Transcurrieron los días. Se sentía cada vez más inmerso en la oscuridad. Chillaba, gritaba al vacío, pero nadie respondía, no había respuesta posible. Se sentía cada vez más inútil, pues no podía hacer nada para mejorar su situación.
   El cansancio y el hastío se fundían en un mismo sentimiento, sentimiento que se apoderó de él. La desesperación, finalmente, invadió por completo ese lugar tan oscuro en el que se encontraba, pues pensamientos oscuros, lúgubres y terroríficos le pasaron fugazmente por la cabeza. Si no podía salir de ahí, ¿qué sentido tenía entonces vivir? Fue ese pensamiento, el de la vida, el que se le quedó grabado a fuego en la mente. Al estar tanto tiempo encerrado, el suicidio le parecía la única opción viable...
   Pero, entonces, se dio cuenta de lo que estaba pensando, de las barbaridades que le habían pasado por la cabeza. Estaba pensando en acabar con su propia vida, en cometer un crimen horrendo, deleznable y contrario a todas las leyes de la naturaleza... Se daba asco a sí mismo por haber pensado siquiera en tal cosa. Solo tuvo una reacción: llorar.
   Empezó a llorar, solo, sin nadie que le consolara... lloró, sin esperanza alguna de hallar una salida o de que ocurriera un milagro... lloró inmerso en la más inmensa oscuridad.



"Este vídeo y su contenido no son de mi propiedad, sino que la pieza "Hurt" pertenece a Thomas Bergersen".

jueves, 23 de febrero de 2012

El "Valhalla", hogar de héroes, luz de esperanza.

  El "Valhalla"( /val-já-la/), según la mitología nórdica, la fortaleza donde se dirigen los héroes al morir. En este lugar, los héroes, junto con los AEsir (los dioses de la mitología nórdica, como Odín o Thor), prepararán la llegada del "Ragnarök", comúnmente conocido como el "apocalipsis", concebido como una batalla entre la alianza de dioses y héroes contra los gigantes. Hoy escribo sobre este lugar utópico con un sólo pretexto: hallar la esperanza perdida de la sociedad.
  ¿Por qué la esperanza perdida? Pues la razón estriba en que día tras día, hoy más que nunca, la tensión social es palpable en el ambiente. Durante estos días se han sucedido una serie de manifestaciones "estudiantiles" en Valencia, en contra de los recortes en educación realizados por el gobierno del PP. Por desgracia, estas manifestaciones llevaron a los antidisturbios a recurrir a la fuerza, lo que ha ocasionado aún más protestas populares, ya no sólo estudiantiles. Pero no voy a tratar ahora este tema, aquí no.
   La tensión es tal que la situación en Valencia es parecida a la época franquista, cuando los grises hacían ejecutar sus órdenes frente a los, por aquel entonces, estudiantes, mediante la violencia. Pero creo que este no es lo que más molesta a la opinión pública. Lo que más escuece en los pensamientos populares es la insatisfacción con la situación actual: el hecho de que el estado de la economía española haya obligado al gobierno a tomar medidas drásticas no ha cuajado nada bien en la opinión ciudadana. Si en un estado de derecho no se pueden reclamar los derechos fundamentales e individuales de cada uno, ¿qué nos queda? La visión es muy desesperanzadora.
  Pues bien, he aquí a mi idea, mi hipótesis, el motivo por el cual he mencionado el "Valhalla" al inicio de esta entrada. A lo largo de la historia de la humanidad, toda gran idea, pensamiento, revolución social ha tenido un máximo exponente, un líder al que seguir. Por citar algunos ejemplos: en la Grecia clásica, estaban Sócrates y Platón, promulgando el ideal de un gobierno justo; en Galilea, Cristo predicó su palabra (e incluso hoy millones de personas en el mundo llevan a Cristo en su corazón); en el imperio árabe del siglo XII, encontramos al caballero Saladino; avanzando muchos siglos en el tiempo, concretamente el siglo XX, en USA estaba Roosvelt. En cambio, hoy en día, no tenemos a quién seguir. El hecho de que nuestros políticos nos engañen continuamente, o nos digan medias verdades, nos ha obligado a ser escépticos con todo lo que vemos y oímos; ya no nos fiamos de ninguna figura pública de relevancia política, cuando se suponen que son ellos los que nos tienen que dar confianza. No tenemos a ningún líder carismático, no hay ningún héroe...
  La mitología, de la cultura que sea, siempre ha descrito a los héroes como unos personajes o bien con poderes extraordinarios o bien con una inteligencia sin parangón. Estas virtudes de los héroes hacían que la gente les admiraran, fueran reales o no. Eran fuente de inspiración y de coraje. Aunque tuvieran virtudes diversas, siempre tenían algo en común: sus buenas acciones en favor de los más débiles y su gran sentido del honor, de la moralidad y de la Justicia. 
  Mi visión para salir de esta situación tan precaria en la que nos encontramos es la siguiente:
  Tal vez hoy en día no existan los héroes, pero deben ser ellos los que nos guíen a un nuevo futuro más esperanzador si cabe. En otras palabras, no tienen porqué ser como los héroes mitológicos, eso es una utopía que es imposible que se cumpla, pero si concebimos a dichos héroes como los líderes que existían antaño, la cosa cambia.
  El mundo necesita que surja un líder, un líder sin ideología, cuya única bandera sea la libertad, defender a los indefensos y castigar las injusticias. Un líder con el don de la palabra, con la capacidad de convencer a las masas, y con el mayor don de todos: la bondad. Un buen líder debe ser misericordioso, contundente cuando deba serlo, inteligente, audaz, neutral y, cómo no, debe entender de filosofía y ser una persona culta, que no se amedrente frente a las amenazas, verbales o físicas, que le puedan propinar, poniendo siempre por delante la ética, la moral y el interés general al interés individual o de terceros.
  Sí, amigos, como dije una vez, el futuro está en manos de los políticos, pero no los nuestros de hoy en día,  que campan hoy a sus anchas, sino una nueva hornada que está por llegar. Necesitamos algo en lo que creer, algo en lo que depositar nuestras esperanzas y sueños. Necesitamos un líder... un héroe.

"Un héroe lo es en todos los sentidos y maneras, y ante todo, en el corazón y en el alma" ~ Thomas Carlyle



"Ni este vídeo ni su contenido son de mi propiedad. La canción Birth of a Hero pertenece a Two Steps From Hell."

sábado, 4 de febrero de 2012

Llegar a las estrellas, pero sin tocarlas.

   Hoy, estudiando Derecho Internacional, he visto que hay un concepto llamado "espacio ultraterrestre". El espacio ultraterrestre es aquel que se encuentra más allá del espacio aéreo de cada Estado. Dicho de otra manera, el espacio ultraterrestre es el espacio cósmico no sometido a la soberanía del Estado. Pero si de este concepto hay algo que me llame verdaderamente la atención es la soberbia con la que el hombre ha definido el Kosmos. En efecto, llamar al espacio exterior como aquél no sometido a la soberanía del Estado me parece, como poco, una aberración. El afán del ser humano por poseer todo lo que vea ha llegado a un punto en que es inadmisible.
   Me refiero a que, definiendo al espacio cósmico tal y como he citado, se deja entrever que la exploración científica del espacio no es más que un intento por descubrir si el espacio se puede poseer, "conquista del espacio" se llamó en su momento, un término, a mi parecer, más acertado para el verdadero objetivo de los científicos espaciales.
   Me parece inconcebible la "posesión" de algo tan inmenso como el sistema solar. Ha llegado el momento de que las palabras de Schiller resuenen en todo el mundo para mejorar no sólo nuestras vidas, sino también la vida de nuestro planeta y el de muchos otros que están "por explorar". El filósofo alemán (una de sus muchas ocupaciones, pues fue músico, escritor e historiador) dijo: "El arte salvará al mundo". Con este reclamo, Friedrich Schiller exigía que la mentalidad de las personas de su época, y también las venideras, cambiaran y que reconocieran la belleza de las cosas por el mero hecho de ser bellas, por existir. Me explicaré: 
   A lo largo de la historia de la humanidad, el hombre se ha caracterizado por ser el animal más violento de todos, arrasando y acabando con la vida que se encontraba a su paso.  Aunque también es cierto que en cada época de la historia siempre ha habido grupos de personas que han sabido mantenerse al margen del tópico que definió Hobbes con acierto (Homo homini lupus est, el hombre es un lobo para el hombre). Estas personas se caracterizaron por tener algo en común: el aprecio por la vida y la belleza que la primera nos otorga día tras día gracias a la madre naturaleza. En efecto, filósofos, músicos, pintores, escultores... artistas en general se opusieron tiempo atrás al avance inexorable del hombre hacia el abismo, un abismo que, a día de hoy, es cada vez más profundo y está más cercano.
   Sabiendo esto, Schiller dijo que si las personas se dieran cuenta de la "belleza" que tiene la vida y todo aquello que la conforma (puestas de Sol; bosques; el profundo océano; la capacidad del ser humano para crear cosas bellas, entiéndase por esto último por la habilidad de crear arte mediante pinturas, esculturas y, sobre todo, música...). El mero principio no escrito de vivir y dejar vivir, apreciar la vida como tal, mejoraría no sólo el alma de uno mismo, sino también la conciencia de todos los seres humanos. Todo esto fue puesto de manifiesto, con voz potente y clara, por el máximo exponente del vitalismo, que fue, a su vez, su creador: Friedrich Nietszche, mediante su teoría del superhombre. Pero el pensamiento de Nietzsche es tan extenso y tan complejo que no voy a poder tratarlo aquí.
   Retomando el hilo argumental del principio del texto. ¿Cómo demonios se puede ser tan soberbio como para intentar "conquistar" el espacio cósmico? El kosmos es inconquistable, no pertenece a nadie ni nunca le pertenecerá. El ser humano siempre ha deseado llegar a tocar las estrellas, pero no porque estuvieran lejos, sino porque le deslumbraba su belleza. Retomemos esto último que he mencionado: admiremos el mundo tal y como es, sin modificarlo, simplemente creando arte para embellecerlo aún más si cabe.
   Admiremos la Creación, admiremos las estrellas, pero sin apropiarnos de ellas, sin llegar a tocarlas...




   "Este vídeo y su contenido no son de mi propiedad. La pieza musical "Creation", que se encuentra en el vídeo, y el álbum "Labyrinth" pertenecen al grupo Audiomachine."

viernes, 3 de febrero de 2012

El tiempo, causante de alegrías y aflicciones y señor de todas las respuestas.

  Tal vez lo que vaya a escribir a continuación no tenga nada que ver con la filosofía en sí, pero, en cierto sentido, ¿qué es la filosofía sino el intento humano por conocer aquello que nos rodea? Pues bien, esta entrada tiene un carácter más literario y, quizás, poético que filosófico, pero no sólo eso, sino que también destripo parte de mi ser al contar parte de mis pensamientos más profundos... Y todo esto viene por una simple razón: por una reflexión sobre el padre tiempo

  El tiempo pasa lenta, pero inexorablemente, al igual que un soplo de viento, que nos deja una sensación o bien de placer o bien de frío, dependiendo de la estación del año en la que nos encontremos. La comparación que acabo de hacer es más de lo que parece. Para empezar, el tiempo puede dejarnos, tras su marcha continua, sensaciones de amargura o de nostalgia, según el momento que ha ocurrido u ocurrió fuera un momento agradable o, por el contrario, incómodo o irritante. 
  Sin embargo, al igual que con el viento, las sensaciones desagradables que nos dejan tanto éste como el tiempo se desvanecen, tarde o temprano, siendo fiel al principio no escrito de curación temporal (todo el mundo conoce la expresión: "el tiempo todo lo cura/arregla"). Por esto último suelo decir que el tiempo es el señor de la incertidumbre, pues sólo él puede acabar con ella con el mero transcurso de su camino, una senda sin fin. Pero hay algo que ni siquiera el tiempo puede hacernos olvidar: esos momentos agradables que pasamos junto con nuestros familiares, amigos y, por qué no, los momentos tan bellos que la madre naturaleza nos otorga, maravillando al ser humano una vez más. Dichos momentos se nos quedan grabados a fuego en nuestra alma, para que no los olvidemos jamás, pues, ¿qué es un recuerdo sino un retazo del corazón del cual éste no se quiere desprender?
  Como dije ya una vez, no me arrepiento de esos momentos que pasé junto con mis familiares y amigos, momentos que no cambiaría por nada del mundo, pues son pasajes de mi vida que me han hecho ser como soy. Citando a Ortega y Gasset: "yo y mis circunstancias".
  En este día tan triste para mí, me pregunto quién soy; cómo he llegado a ser lo que soy y qué seré en el futuro, un futuro que hoy veo lleno de nubarrones negros... pero quién sabe, a lo mejor mañana sale el Sol...
  Tras reflexionar, sólo he llegado a la conclusión que he mencionado supra: soy Andrés Bolufer Mata, y soy lo que soy gracias a mi familia y a mis amigos; la tristeza que sufro hoy por mi inutilidad en el presente y por la que puedo sufrir en un futuro borroso desaparecerá mañana, gracias al apoyo que me dan mis padres, hermana, familiares y amigos. Y en cuanto a lo que seré en el futuro... bueno, sólo el tiempo responderá a mis preguntas...




 "Ni este vídeo ni su contenido son de mi propiedad. La canción "Time forgets" pertenece a Yiruma, su compositor."

lunes, 30 de enero de 2012

De la Justicia y su no afiliación a la Ley.

  Hacía tiempo que no escribía en el blog, cosa que se debía a que me encontraba en época de exámenes. Pero aquí estoy de nuevo.
  Hoy quiero hablar de algo que le carcoma el alma a todos los españoles y que ha estado en boca de todos, últimamente. Efectivamente, de la Justicia.
  Hace relativamente poco, salió a relucir la "polémica" sentencia sobre el caso Marta del Castillo, caso que es sobradamente conocido, por lo que no es necesario que explique de qué va. Lo que si creo que es necesario mencionar es que los acusados, tanto si son culpables como si no, se han burlado no sólo de la familia de Marta, sino de las fuerzas de seguridad y, por ende, de toda España.
  Llegados a este punto, me gustaría recalcar la respuesta de la sociedad ante la "lamentable" sentencia, la cual condenaba a Miguel Carcaño a 20 años de prisión, mientras que los cómplices quedaron absueltos. Los españoles salieron a la calle, cómo no, exigiendo "justicia". Pues bien, ha llegado el momento en que la filosofía, otra vez, responde a estas plegarias, razón por la cual estoy escribiendo esto.
  Como dijo alguien en su día: "la Justicia es un valor absoluto que no es de este mundo". Aquella persona que dijo esto, sabía muy bien de lo que hablaba. La Justicia ha sido reclamada por el ser humano desde tiempos inmemoriales, pero, por desgracia, siempre habrá alguna circunstancia o perspectiva no contemplada que dejará a alguien descontento, que pedirá Justicia, entendida como equidad.
  Ésto último no hace sino afirmar el hecho de que de existir la Justicia, ésta no está hecha para que la otorguemos nosotros. Quizá la palabra que defina a la Justicia mejor sea: "justicia divina", aun a riesgo de parecer religioso. Sin embargo, quiero dejar claro que uso este término simple y llanamente porque es el más fácil de comprender para aquellos no comprenden de filosofía, pues el término filosófico correcto es el que concibió Platón en su día: "la idea de Bien", la que abarca todas las ideas, incluida la "idea de Justicia".
  Siguiendo con el hilo de lo que estaba describiendo al principio, la sociedad española exigió "justicia" por el caso Marta del Castillo. Sin embargo, y por desgracia, la gente sique sin comprender que los Tribunales y Juzgados no se encargan de otorgar justicia (por lo que me incomoda que la gente llame a éstos "la justicia", expresión ampliamente reiterada con frases como: "¡La justicia de este país es una mierda!"), no amigos, éstos se encargan no de la justicia, sino de hacer valer la Ley. Se hará lo que la Ley diga; se juzgará de conformidad a la Ley.
  El hecho de que la Ley diga que la pena de asesinato sea de 20 años de cárcel y que sin el objeto del delito (en este caso, el cuerpo de Marta) no se puede hacer nada más, no es culpa de los Tribunales de este país, sino de las Leyes. 
  Ya va siendo hora de que nos demos cuenta, todos nosotros, que hay una inmensa diferencia entre Ley y Justicia. Una ley puede ser más o menos justa, pero obligará de la misma manera a los Juzgados y Tribunales a juzgar de conformidad con ella, sea justo o no. Por esto mismo, afirmo que la Justicia no está afiliada a la Ley, es decir, la Ley, como he venido diciendo, no tiene porqué ser justa. 
  Por lo que a mí respecta, la pena de asesinato me parece bastante criticable, por no decir pésima. Pienso de esta manera porque creo firmemente en que la vida, en cualquiera de sus ámbitos, es sagrada, dejando de lado matices religiosos, y que nadie tiene la potestad de poder quitarle la vida a nadie, del mismo modo que no se puede segar la vida del asesino.
  Hasta aquí mi perorata, repitiendo, otra vez, que la Ley, no es Justicia. Y como viene siendo costumbre, os dejo una canción, para escuchar mientras se leen mis escritos:





  
"Ni este vídeo ni su contenido son de mi propiedad. La pieza musical "Illusions" pertenece a Thomas Bergersen, su compositor"

sábado, 19 de noviembre de 2011

Una cita con el futuro

Hoy es el llamado día de reflexión, así es, es la víspera de las elecciones generales en España… y vaya si he reflexionado.
Tras cuatro anormalmente largos meses de campaña electoral, los políticos, al fin, cierran sus campañas tras soltar una serie de “verdades maquilladas”, pues considero que ninguno dicen mentiras, simplemente dicen la parte de verdad que les conviene. Por esto mismo no suelo hacerles caso, aunque he de admitir que la política siempre me ha tentado, pero no este tipo de política…
La política a la que me refiero, la que me llama, es la política originaria, aquella que surgió en la época de Platón y Aristóteles. Esa política en la que se decidía el destino del “país” (pues por aquella época no se podía hablar de país tal y como lo concebimos hoy en día) mediante el ingenio y la capacidad de oratoria del político, es decir, la capacidad individual para poder mover a las masas, para poder convencerlas. Sí, esto es lo que llaman demagogia, una palabra que hoy en día es rechazada y no sé por qué, pues considero que es la clave para hallar a la “verdadera política”.
Me explicaré. Es cierto que actualmente los líderes de sus respectivos partidos políticos intentan convencer  a las masas para ganarse su voto en los llamados “mítines” (un anglicismo, por cierto); sin embargo, la diferencia radica, en mi opinión, en el hecho en que simplemente pueden convencer a unos pocos, pues los partidos se asientan sobre los “votantes fijos” que tienen a su disposición. Con esto, me refiero a que la política ha perdido poder de convicción, pues antaño, cuando el ciudadano griego (si de verdad se les puede llamar ciudadanos) no sabía de política, éste se decantaba por un lado u otro según lo que creía que era cierto, por lo que había un grandísimo poder de convicción.
Hoy, sin embargo, la deplorable imagen de nuestros políticos ha hecho que el ciudadano medio deje de confiar en ellos y sea más difícil de convencer. Por lo que creo, sinceramente, que éste es el nuevo reto de la política: que los políticos verdaderamente preparados (no como los actuales, sino tal y como los concebía Platón: los filósofos) deban hallar nuevos modos de ganarse la confianza del pueblo, sin mentiras y predicando con el ejemplo, tal y como hacía Cristo, e inventar, o mejor dicho, reinventar la oratoria, es decir, “estrujarse el coco” en sus discursos, como hacía Cicerón, maestro orador entre maestros.
Tal vez haya puesto hoy, aquí, las pautas a seguir por todos nuestros políticos (pautas que seguiré en un futuro, si Dios quiere). Pero también es cierto que sin los ciudadanos, y más concretamente, sin los votos de ellos, los partidos políticos y sus miembros no son nada, pues los necesitan tanto como los ciudadanos necesitan a los políticos para manejar el país. Es el pueblo parte crucial del sistema democrático, ese que afirman que falla tanto y que los llamados “revolucionarios” intentan cambiar… No, esos revolucionarios no tienen ni idea; van de idealistas y de progresistas, reclamando una serie de derechos y libertades que son verdaderamente utópicos, pero no saben que son igual que los políticos que tanto critican. No son filósofos, no son capaces de conocer el mundo y lo que les rodea, pues no ven más allá de sus manos. No son capaces de concebir que el hombre, ante el poder, se derrumba, pues ésta es una de las tantas cualidades innatas que posee el hombre: el hombre es egoísta por naturaleza (“Homo homini lupus est”, decía Hobbes… y con razón). No saben que si, por un casual, llegaran al poder, ellos también sucumbirían ante él.
No, la revolución que debe producirse (atención a ésto último: me refiero a una revolución futura, no a esa patraña que nos quieren hacer creer) no es política, es FILOSÓFICO-MORAL. Sí, amigos. Lo que debe cambiar verdaderamente no es el sistema, sino las mentes de los ciudadanos que lo integran. Estamos ante una crisis de valores (el llamado “nihilismo”, concepto concebido por F. Nietzsche). Deben predicarse nuevos valores, o bien, reinventar los antiguos. Conceptos tales como el honor y la compasión han desaparecido; otros, como la justicia, desaparecen progresivamente debido a la realidad que nos rodea.
La gente debe cambiar sus mentalidades si queremos transformar la realidad que nos envuelve. La revolución debe proclamar ideales de libertad, de honor, ideales en busca de defender la verdad, esa idea que todo filósofo busca con ansia.
Cuando la gente cambie, el mundo se transformará en algo totalmente nuevo, algo que el ser humano ha deseado y anhelado desde el inicio de la democracia: una utopía. Soy consciente que el cambio será largo y arduo, pero no debemos desfallecer, aunque haya gente que se oponga. Generación tras generación deberemos inculcar este tipo de valores, sin excepción, pues estas generaciones formarán a nuevos políticos con nuevos ideales.
¿Y qué tiene que ver esto con la política? Pues bien. La razón de ser de esta idea es la siguiente: somos miles de millones de personas en el mundo y, muy a mi pesar, es casi imposible que todas cambien de parecer (el mal es algo que estará ligado al bien por toda la eternidad; el ying y el yang; luz y oscuridad…); sin embargo, con que solamente un país pudiera cambiar a gran parte de sus habitantes, otros países seguirían el ejemplo. Y para que esto ocurra, el mensaje debe llegar a los ciudadanos y sólo aquellos que pueden hablar a las masas y convencerlas pueden lograrlo. Sí, todo esto está en mano, en gran parte, de los políticos, y para ello la oratoria debe resurgir de sus cenizas como el ave fénix.
No, amigos, la revolución no es política ni económica. LA REVOLUCIÓN ES FILOSÓFICA Y MORAL. Y como dijo un sabio en su día:
“Llegada la hora, surge el hombre”






"Ni este vídeo ni su contenido son de mi propiedad. La pieza musical "Promise" es de Thomas Bergersen, su compositor."

viernes, 21 de octubre de 2011

Reflexiones sobre la inspiración humana

     Como habréis notado, no escribo siempre. ¿Por qué? Porque la filosofía necesita reflexión y, sobre todo, inspiración. He llegado a una conclusión: hay dos maneras de inspirarse, las cuales son "sentir" la música (que no oír) y las experiencias propias. Para mí, la primera es la más importante y la más eficaz, pues para poder "sentir" la música se necesitan esos instantes de paz y relajación que nuestra vida diaria nos arrebata tan a menudo. 
     ¿En qué consiste "sentir" la música? Pues bien, desde mi punto de vista, consiste en dejarse llevar por ella, que la música se adentre en lo más profundo de tu ser. Muchos lo identificarán como ese cosquilleo que recorre nuestro cuerpo al oír una canción o pieza musical realmente bella. Sin embargo, no basta con llegar a notar esa sensación, sino que hay que llegar más allá, llegar a la profundidad de la mente. ¿Cómo? Yo, personalmente, cierro los ojos e imagino una historia que es guiada por esa pieza musical, lo que me permite llegar a ver cosas que jamás podría pensar por mí mismo. De esta manera, pienso que he llegado a lo más profundo de mi ser, donde habitan pensamientos inefables. Tal vez desvaríe, pero creo firmemente en ello. Es más, no soy el único que lo piensa (o lo ha pensado alguna vez), y para reafirmar mi postura voy a recurrir a uno de los filósofos más importantes del siglo XIX y, para mí, de la historia: Arthur Schopenhauer.
     Schopenhauer sostuvo que mediante la llamada "introspección", o lo que se conoce comúnmente como la búsqueda interior de uno mismo, era posible acceder al conocimiento esencial del "yo". Tal y como yo he intentado explicar. Pero no voy a hablar más de este gran filósofo alemán, pues su pensamiento abarcó mucho más que eso.
     Hasta aquí el por qué pienso que la música es una manera de inspiración, siempre y cuando se "sienta" debidamente. Respecto de las experiencias personales de cada uno, creo firmemente que son éstas las que determinarán la forma de pensar del individuo y las que lo guiarán a lo largo de la vida, pues aquellas cosas que te suceden en el día a día os "inspirarán" para pensar de una determinada manera. A todo esto, que piense lo que acabo de mencionar no significa que sea empirista.
     Debo añadir, respecto de esta última postura de las experiencias personales, que la tristeza, que, por desgracia, sufrimos en ocasiones, es una de las herramientas fundamentales sobre las que se asienta la inspiración. Cuando estamos tristes somos más capaces de crear cosas bellas porque, según mi humilde opinión, es en esos momentos cuando nuestra capacidad para ver las cosas tal y como son aflora a la superficie de nuestra mente. Pero, cuidado, si nos dejamos llevar demasiado por la tristeza corremos el riesgo de entrar en un bucle infinito del cual es muy difícil salir: la depresión, ver todas las cosas de forma negativa. Por eso mismo, no recurramos muy habitualmente a la tristeza, sino que debemos intentar estar siempre felices y ser capaces, por nosotros mismos, de hallar esa introspección de la que hablaba Schopenhauer. 
     Bueno, pues hasta aquí esta entrada del blog. Pero antes de despedirme quiero recordaros que "La imaginación es el arma más poderosa del ser humano". Y para no faltar a la cita musical, aquí va un vídeo.


"Ni este vídeo ni su contenido son de mi propiedad. La pieza musical "Dreammaker" son propiedad de Thomas Bergersen, su compositor."